[Relato] Comentarios de la gente común

De los comentarios de la gente común (Libro III), Ed del Valle.

Saludos, mi buen lector.

Has de saber que si algo he aprendido en estos años de recopilar cartas, rumores de taberna y confesiones susurradas al calor de una hoguera, es que no todos los peligros anuncian su llegada con estruendo. Algunos se filtran en silencio, como la humedad en los muros de una cripta.

Y en Drustvar, créeme, la humedad cala hasta los huesos.

Muchos hablan de brujas, de pactos oscuros y de espíritus vengativos. Otros, más doctos o más orgullosos, reducen todo a superstición campesina. Pero yo he conocido a un hombre —si es que aún podemos llamarlo solo hombre— que caminó entre las piedras antiguas buscando algo más que fantasmas.

Le llaman Musgoviejo.

No es el nombre que le dieron al nacer, eso puedo asegurarlo. Ese nombre lo dejó atrás hace tiempo, junto con otras cosas que pesan más que el hierro.

Carta hallada en un círculo de piedra al norte del Puesto de Arom:

“La tierra no miente. Solo aguarda callada.
Y el que no sabe escuchar la confunde con silencio.”

Dicen otros druidas que Musgoviejo destacaba no por su fuerza —aunque no le faltaba— sino por su manía de quedarse atrás cuando el resto regresaba al claro. Mientras otros cerraban círculos y apaciguaban espíritus, él limpiaba las losas con paciencia casi enfermiza.

Dan Melaza, guardia del Puesto de Arom.

Cierto es que los Drust fueron derrotados y que su magia se consideró abominable. Así lo dictan las crónicas oficiales. Así lo repiten los capitanes en las tabernas.

Pero Musgoviejo empezó a notar algo que pocos querían admitir: las runas más antiguas no hablaban de conquista, sino de contención.

Testimonio recogido en Corlain

Un pescador, ya entrado en años, me contó entre trago y trago:

“Lo vi arrodillado ante una piedra partida, si señor. No estaba rezando, no.
Apoyaba la mano sobre la grieta como si escuchara latidos.
Cuando me acerqué, me miró y dijo: ‘Ya estaba aquí’.”

El pescador no supo explicarme a qué se refería. Yo tampoco. Pero desde hace años los relatos sobre el llamado “Vacío” se han multiplicado. Se habla de susurros, de visiones, de miradas que se sienten aunque no haya ojos que las sostengan. La versión popular afirma que llegó con las brujas, pero Musgoviejo nunca estuvo de acuerdo.

Fragmento de un cuaderno de campo atribuido a Musgoviejo

“Si el Vacío hubiera llegado de fuera, las marcas mirarían al cielo. Sin embargo, todas miran hacia abajo.”

He recorrido Drustvar, lector. He pisado sus claros y sus criptas. Y puedo decirte que hay círculos de piedra cuya disposición no parece ritual, sino arquitectónica. Como si alguien hubiese levantado una presa… no contra agua, sino contra algo menos visible.

Musgoviejo dió forma a mis pensamientos y dijo en voz alta:

“Los Drust no buscaban traer el Vacío, al contrario, ellos intentaban impedir su regreso.”

No afirmo que tenga razón. Tampoco afirmo lo contrario. Mi oficio es recoger palabras, no dictar sentencias.

Pero sé que, desde el día en que Musgoviejo realizó aquel ritual de “escucha” —como él lo llamaba— ya no volvió a ser el mismo.

Cuentan que las raíces se tensaron bajo sus pies y que el suelo exhalo un aliento frío.

Y cuentan que, al levantarse, murmuró algo que nadie comprendió del todo:

“No fueron los primeros.”

Si alguna vez oyes hablar de un druida que limpia musgo de las ruinas en lugar de bendecir cosechas, no lo tomes por excéntrico.

Puede que esté escuchando algo que nosotros aún no sabemos oír.

Y si el Vacío no vino de lejos, sino que duerme bajo nuestros pies… quizás debamos agradecer que haya hombres como él dispuestos a excavar donde otros solo rezan.

Sacad vuestras propias conclusiones, como yo he sacado las mías.

— Ed del Valle, cronista, vagabundo, músico y demás historias.

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