Jarukan. Relatos III WildLands

Un encuentro.

En algún lugar cerca de El Cruce.

Las nubes oscurecían la noche tapando la luna a su paso. El olor a tierra mojada era inconfundible en esta época, el verano tocaba a su fin y las lluvias refrescaban Los Baldíos.

No deberían retrasarse mucho.

Cho miró al cielo al notar cómo una débil lluvia comenzaba a caer. El pandaren se ajustó su chaquetón de cuero y se acercó al carro para tapar la mercancía.

Espero que Astavedon cumpla con su parte y traiga nuestro dinero —comentó Latshy. La pandaren miró al camino que se perdía en la oscuridad de la noche.

Sí, eso espero. No son de fiar. Ninguno de ellos. Ayúdame a cubrir la carga con la lona, lo último que queremos es que la lluvia estropee esto.

El kodo emitió un bufido y los pandaren vieron acercarse unas siluetas a lo lejos en el camino.

¿Son ellos? —Preguntó Latshy cargando su rifle.

Eso parece —Cho alzó la linterna varias veces a modo de señal. —No bajes la guardia por si acaso.

La comitiva la encabezaba un enorme trol montado en un oso. Detrás, un carro conducido por Wibbs y dos vulperas, Salamandra y Kalux. Delante de ellos, con gesto orgulloso, Yuh’ra.

¿Y Astavedón? —Preguntó Latshy al trol, que con un ademán llamaba al resto de acompañantes para advertir de que no había peligro.

No ha venío.

Cho miró a Latshy con gesto serio, no parecía demasiado conforme.

Ni falta que hace, ehtamoh nosotroh —se adelantó Yuh’ra. —¿Tenéih el cargamento?

Wibbs se bajó de un salto de su carro tirado por un kodo y se dispuso a desengancharlo.

Él traería nuestro oro —Cho miró a la zandalari con semblante descontento—, no queremos que haya problemas.

Enséñanoh la carga y hablamoh del oro.

Eso, tenemos que asegurarnos de que todo está en orden —comentó Salamandra.

Latshy asintió mirando al pandaren. Cho se acercó al carro y destapó la lona.

Tras un vistazo, la zandalari pudo comprobar que todo estaba según lo acrodado. Bajo la capa de sacos de especias se encontraban los fardos de khoka listos para llevar a Pantoque. Asintió varias veces.

El oro —dijo Latshy.

Wibbs, al ver que todo estaba en orden, procedió a intentar enganchar el carro de los pandaren con el cargamento. Era lo más rápido y limpio. El transportista del Sindicato manejaba bien estas situaciones.

Yuh’ra se acercó a su raptor y bajó la bolsa con el dinero.

Está todo —dijo Cho mirando a Latshy.

De repente, el viento comenzó a mover los árboles a la derecha del camino. Kalux notó cómo unos ojos se clavaban en él.

Amigos —comenzó el vulpera, que por la voz se notaba que lo siguiente no eran buenas noticias—, creo que tenemos compañía.

¿Nos habéih tendío una trampa?

M-mirad…

Wibbs señaló al bosque y unas sombras de lomo espinado y ojos brillantes comenzaron a emerger de la oscuridad. Caminaban lentos, algo erráticos, pero decididos. La luna se abrió paso entre las nubes de tormenta haciendo brillar el filo de sus hachas y el caño de sus rifles.

BANG! Comenzaron a silbar balas y se escuchó un estremecedor chillido. De entre las sombras apareció un jabaespín que se abalanzó contra Cho. Tras él, tres jabaespines más corrieron, hacha en mano, a atacar al grupo.

¡Atráh! —Gritó Voluhin. El bramido del trol retumbó en la noche. Golpeó su escudo y rugió preparándose para el combate.

Los jabaespines, impresionados por el enorme trol retrocedieron, presas de un miedo inconsciente, primario, de pura supervivencia. Emitían esos sonidos que ponen los pelos de punta. Miraban al trol con cara desafiante mientras daban un par de pasos hacia atrás.

BOOM.

Latshy aprovechó la distracción para volarle la cabeza al jabaespín que había tumbado a Cho.

Essss nuessstrooooo. Devuélvelooo —dijo uno de los jabaespines.

Ehto eh una mi.erda. ¡Noh retiramoh, rápido! ¡Tú, engancha de una vez ese maldito carro y larguémonoh de aquí!

Como si fuera fácil… —Dijo Wibbs aterrado. No era la primera vez que huía de jabaespines, pero estos desprendían un halo oscuro que llegaba hasta los huesos.

Esa marca… —Los jabaespines salieron de la oscuridad del bosque y Voluhin pudo reparar un una marca que todos llevaban en el pecho. Una especie de círculo pintado de color violáceo oscuro.

Uno de los jabaespines arrancó a correr súbitamente hacia Kalux para asestarle un hachazo. Salamandra cargó rápidamente su flecha en el arco.

¡Al suelo!

Kalux se agachó y la vulpera descargó un flechazo en todo el pecho, tumbando al jabaespín. Éste comenzó a jadear e intentar levantarse, sus ojos estaban inyectado de algo oscuro y clavó su mirada de nuevo en Kalux.

Es…cof-cof… Devuélvelo. Que lo devuelva… —dijo el malherido, tratando de mantenerse en pie.

Pues no va a ser hoy —Kalux se giró y lanzó una de sus hachas, partiendo la cabeza del enemigo en dos.

¡Maldita sea, vamoh! —Gritó Yuh’ra empujando el carro para engancharlo.

¡Listo! —Gritó Wibbs, que de un salto se subió a la parte delantera del carro.

¡Salid de aquí! —Ordenó Voluhin —¡Ya!

Los vulpera volvieron corriendo a sus lobos y se unieron a Yuh’ra y Wibbs en la huída. Latshy vio el carro pasar a su lado y subió de un salto.

Cho…

¡Acabad con esoh pu.toh bichoh! —Ordenó la zandalari.

Cho se lanzó puñal en mano contra el jabaespín que tenían enfrente, asestando un tajo en su pecho.

¿Les dejamos solos? —Comentó Salamandra a medida que se alejaban.

Se lah arreglarán. Tenemoh que salvar la carga.

Voluhin remató al enemigo ercenando su cabeza de un espadazo.

Esa marca… —dijo a Cho señalando el círculo oscuro.

No la había visto antes —Dijo el pandare.

Escucharon pasos entre la oscura maleza captando de nuevo su atención.

BANG! Se escuchó un disparo a lo lejos. Kalux miró hacia atrás en dirección al bosque, engullido por la noche.

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Oh, Lázarus, ¿cómo pagaste tus deudas?
Oh, Lázarus, ¿tuviste miedo?
Cuando el fuego, cuando el fuego te haya rodeado
Y los perros del infierno vengan a por ti

Tengo sangre.
Tengo mi nombre manchado de sangre.

Tras la pista

Y una mi.erda, Astavedon. Quiero ver a Jarukan, casi perdemos la vida. Esos jabaespines no eran normales.
Wibbs se subió a la silla para mirar a la cara al elfo.
Ni una voz, me entiendes. Sigues vivo, qué más quieres —Astavedon señaló de nuevo la bolsa con dinero. Sus ojos brillaban bajo el sombrero dándole un aspecto amenazante.
No tío, ten cuidado tú. Tú y tu jefe, porque estoy a nada de que se me hinchen estas enormes pelotas y mandaros al carajo. Y por supuesto, si queréis que lo nuestro salga bien, no me metáis en rollos de estos —replicó el goblin apuntándole con el dedo.
Sigue vivo por poco —Voluhin, recorrió la sala hasta la mesa central donde se encontraba Astavedon. —Como todoh nosotroh. Ya te lo dije.
Lo que tú no noh hah contao eh dónde te metihte esa noche —Yuh’ra miró desafiante al elfo.
Eso no es relevante —apartó lentamente el dedo acusador del goblin y caminó hasta la zandalari. —¿Quién entregó la mercancía? ¿Comentaron algo sospechoso?
Latshy y ese pandaren con el que va Mei. No noh hah contao dónde ehtabah.
Tenía qu-
La puerta a sus espaldas se abrió súbitamente y Jarukan entró en la estancia. Dejó su chaquetón colgado en el perchero, tiró su sombrero a uno de los sillones y se apresuró hasta llegar a la mesa.

¿Dónde ehtaba ehto? —soltó una hoja sobre la mesa con el dibujo de un círculo oscuro.
Voluhin miró a Yuh’ra unos instantes.
—Se lo encontraron al dehcargar aquí la mercancía. Esa vulpera, Salamandra, venía con Wibbs, ehtaba entre loh fardoh —Volteó el dibujo y lo señaló con el dedo dando varios toque en él. —Lo llevaban pintado loh jabehpineh que noh atacaron.
Wibbs tragó saliva al recordar la escena. Notaba cómo se le ponía la piel de gallina de nuevo. No era más que un dibujo, pero se le revolvía el estómago sólo con contemplarlo.
No quiero que contéih nada de ehto a nadie. A nadie —repasó el trol a todos con la mirada. —Y cuando digo a nadie, me refiero a que no llegue a oídoh de Pipa o de Skule. Al menos, no por otra boca que no sea la mía.
Jarukan recogió el papel, lo dobló y se lo guardó en el chaleco.
Entendido, —dijo Yuh’ra— solo hemoh venío a decirte que mañana cargaremoh en el Reina y partiremoh a Pan-
Bahía —cortó Jarukan— Bahía del Botín.
¿Qué? —Yuh’ra miró Jarukan sorprendida. No esperaba ningún cambio en el plan y mucho menos que de antemano contara con ellos.

Astavedon, busca a gente para que lleve ese cargamento de khoka a Pantoque, tal y como te dije —ordenó el trol. El elfo asintió y se despidió de los asistentes.
No vamoh a ir a Bahía, no se noh ha perdío na y no era el trato —Yuh’ra se plantó delante de Jarukan con cara de pocos amigos. Voluhin apareció a su espalda.
Yo no pienso ir tampoco. Además, Jarukan —el goblin señalaba la bolsa con el oro con una sonrisa forzada.
Claro que no vah a venir, Wibbs —se acercó al goblin y le pasó la mano por el hombro—, no me arriehgaría a volver a ponerte en peligro. Subiré esa cuantía. Créeme.
Más te vale.

Jarukan se giró y de nuevo encontró a la zandalari y el enorme trol de brazos cruzados, mirándolo seriamente.
Eh un favor personal —miró a Yuh’ra a los ojos—. Él ehtuvo ahí —señaló a Voluhin—, tú también. Necesito hablá con alguien que podría contarnoh máh acerca de ese círculo y de esoh jabaehpineh.

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No persigas a los muertos
O ellos acabarán persiguiéndote a ti.

Tengo mi pase al infierno
Te conozco bien
Y sé que tú también quieres acabar allí

Desde lo lejos te veo.

La tormenta comenzó a endurecerse a medida que el Reina de los Cielos llegaba a Bahía del Botín. La travesía no había sido fácil y ahora caía la noche con una lluvia cada vez más gruesa.

Tengo un mal presentimiento —Voluhin miraba al puerto junto a Yuh’ra.

El barco maniobró para entrar lentamente en el puerto, las aguas más tranquilas de la bahía dieron un respiro a la tripulación que se preparaba para bajar de la nave.

Jarukan se agenció uno de los faroles que había en el barco y con su capa comenzó a taparlo y destaparlo, como si repitiera un patrón.

Tras varios intentos, una figura encapuchada en el muelle hizo un juego de luces similar.

Bajamoh —dijo Jarukan a Ponzo sonriendo. Se ajustó el sombrero, se envolvió en la capa para resguardarse de la lluvia y bajó por la pasarela.

Kalux y Salamandra corrieron curiosos para ver la ciudad de los piratas.

¿Habías estado alguna vez aquí?
Nunca, aunque he oído hablar de ella a otros piratas —comentó Kalux.
Alto, ¿quienes sois? —La figura que les había hecho señales salió a su encuentro en el muelle.
Mi nombre es Salamandra —dijo la vulpera dando un paso al frente.

Jarukan hizo un gesto para que nadie hablara sin su permiso.

Comercianteh, venimoh a ver a Serana.
No os he visto antes por aquí —echó un vistazo a la variopinta tripulación—, en cualquier caso, no es el mejor momento para hablar con Cuervo Rojo. Las calles se han convertido en un baño de sangre. Está en guerra con Sangre Umbría y debéis saberlo.
¿Qué? —Jarukan se acercó a la elfa, incrédulo. Soltó una risa nerviosa y meneó la cabeza. —¿En guerra… con Sangre Umbría? —Volvió a preguntar—. Llévame ante Serana. Dile que Jarukan quiere verla.

Tras varios segundos observando al grupo, la elfa asintió. Casi nadie conocía siquiera el nombre real de Cuervo Rojo. Casi nadie se atrevía a decirlo. La elfa comenzó a caminar por las callejuelas de la ciudad de los piratas.

Si le ocurre algo a mi barco, si noh meteh en una pu.ta guerra, te juro Jarukan que te abriré en canal y dejaré que un raptor devore tuh intehtinoh mientrah aún viveh.

El hecho de que Yuh’ra se lo susurrara mientras caminaban no suavizaba la idea de que si eso ocurriera, ella cumpliría su palabra. O al menos lo intentaría, se dijo el trol mirando a Voluhin de reojo.

El grupo llegó a un antro abarrotado de gente. Una especie de local clandestino donde corría el alcohol, las sustancias y mujeres y hombres de compañía que miraban al grupo abriéndose paso.

Ehperemoh a que aparezca Serana, no oh metáih en líoh.

Ponzo y Kalux identificaron las dos puertas del local por si había que salir por patas.

Hola guapo, no nos habíamos visto antes por aquí, ¿verdad? —El orco sonrió a Voluhin. —¿Quieres tomar-
¡Jarukan! —Se oyó desde la planta superior. Allí estaba Serana. Hizo un gesto para que el grupo subiera hasta una de las salas de la planta superior, lejos del bullicio.

¿Vienes de parte de Sangre Umbría o en tu nombre? —Preguntó la elfa de sangre.
Vengo a pedirte ayuda. Me acabo de enterar que ehtáih en guerra.
Así es.
Jod.er, Serana, lah guerrah no vienen bien al negocio, y mucho menoh una guerra entr hermanoh.

Serana soltó una risa sarcástica.
Se acabó la familia, Jarukan.
El trol comenzó a entender que no era otra rencilla más entre la Señora y ella, y su gesto se tornó serio.
—Pero entre nosotros no hay problema, lo sabes —le tendió la mano—. Dime, qué necesitas de mí.

Jarukan extendió la mano y Ponzo depositó en ella una nota. El trol hizo un ademán para juntarlos a todos alrededor de la mesa y dejó la nota sobre ella. Se trataba de un dibujo, un círculo de color oscuro.

¿Qué es esto? —Examinó Serana. Pronto comenzó a notar cómo la magia de sombras inundaba el papel y emanaba desde el dibujo.
Unos jabaespines nos asaltaron la otra noche —comenzó Salamandra— Tenían este dibujo en su indumentaria y su piel.
Parecían fuera de sí —dijo Kalux—, esos malditos cerdos no paraban de salir del bosque.
¿Habéis visto esto antes? —Serana podía notar la magia oscura cada vez más intensa en la sala. Unas imágenes fugaces pasaron por su mente, imágenes de Mulgore y Los Baldíos. Y unos ojos brillando en la oscuridad.

BROOOM Los truenos de la tormenta se escucharon sobre sus voces.

Nunca —Ponzo echó de nuevo un vistazo y miró a Jarukan negando con la cabeza.

El trol miró al suelo y tras unos segundos se quitó el guante y subió la manga de su chaquetón.

Puede que alguna vez —mostró la cara interior del brazo derecho mirando a Serana. En él podía verse una cicatriz, una especie de tatuaje con un círculo idéntico al de la nota. Los asistentes se quedaron boquiabiertos.

Tú no —dijo Serana—, la maldición es fuerte en ti —señaló a Voluhin, para sorpresa de Jarukan.

El enorme trol, sorprendido, notó todas las miradas puestas en él.

Peleé con esos jabaespines para que tuvieran tiempo de salir con la carga. Alguno de ellos me alcanzó —mostró una herida cerca de su hombro—. Pero…

BOOOOOOOM sonó un estallido fuera.

No me jo.das eso no ha sido un trueno, ¡no ha sido un trueno! —Gritó Ponzo mirando a Jarukan.

¡Cuervo rojo! —Se escuchó segundos más tarde por las escaleras— ¡Nos atacan! ¡Sangre Umbría se dirige al barco de esos comerciantes! ¡A nuestro muelle! —El elfo llegó a la sala casi sin aliento.
¡Mi barco! —dijo Yuh’ra.
¡No hay tiempo que perder, por aquí! ¡Que preparen La Mano del Verdugo!—Seraná cogió su bastón y salió corriendo escaleras abajo.

Desde lo alto podían verse estallidos y peleas a lo largo de todo el muelle, cerca del barco. El grupo corrió por las plataformas de madera y una escuadra salió a su paso. Uno de los cultores de Sangre Umbría lanzó unas púas de sombras contra ellos.

¡A cubierto! —Gritó Jarukan. Por suerte el grupo pudo reaccionar a tiempo y esquivar el ataque.

Voluhin continuó su carrera contra ellos, y con un potente embate de escudo lanzó violentamente a los cultores por los aires hasta el mar.

Tras él, de los tejados bajaron otros dos cultores.

¡Muerte a los traidores! —Uno de ellos lanzó un ataque mágico impactando en el hombro de Salamandra, que cayó rodando.

El cultor se disponía descargar otro ataque sobre la vulpera cuando Kalux hábilmente lanzó su hacha para clavársela en la nuca. CRAK. El cultor cayó al suelo como un muñeco.

¡Vais a morir! —Gritó el otro miembro de Sangre Umbría.
No será hoy —de los dedos de Serana emergieron unas púas de color violáceo que lanzó súbitamente contra el cultor. El encapuchado tuvo la suerte de conjurar una pantalla mágica a modo de escudo, pero soportar las púas de Serana lo dejó debilitado y el escudo se desvaneció poco a poco con el cultor expuesto y jadeando.

Tras unos barriles, Ponzo cargó su revólver de azerita y con un giro, se incorporó saliendo del parapeto.

¡Prueba de esto!

PUUUM El disparo reventó el pecho del cultor y su sangre manchó paredes, suelo y el pelaje de Kalux.

Ugh.

¡Yuh’ra! —Jarukan vio como otro de los cultores se deslizaba detrás de la zandalari que recibió un golpe en las costillas dejándola sin aire. De los dedos del encapuchado comenzaron a emanar chispas de energía oscura para lanzar un conjuro mortal sobre ella.
Veeeeluuuum Reeeee

BOOM Yuh’ra se giró y descargó un tiro volándole la cabeza al cultor, que cayó desplomado al suelo.

Hijo de pu.ta —Dijo tratando de recuperar la respiración.

Más adelante, un grupo de cultores peleaba contra varios hombres de Serana, que trataban de impedir que invadieran el puerto y llegaran al barco.

Pese a la lluvia, los ataques de Sangre Umbría alcanzaron una de las velas de la nave, que comenzó a prender.

¡Acabad con elloh! —Gritó Yuh’ra.

Voluhin irrumpió en la melee llevándose por delante a varios cultores y abriendo una brecha en la pelea. El enorme trol comenzó a blandir su espada a diestra y siniestra amputando brazos, cortando cuellos y atravesando la espalda de varios cultores como quien se abre paso entre la maleza.

Los ojos de Serana centellearon y unos tentáculos oscuros comenzaron a agarrar y sacudir a varios cultores. Sus cuerpos machacados se estampaban contra el suelo y las paredes del muro del puerto.

Jarukan disparó contra uno de los cultores que se abalanzaba sobre Kalux y blandió el machete para quitarse de encima a otro.

¡Al suelo! —Gritó Ponzo.

BANG Bang Bang

Jarukan tuvo el tiempo justo para agacharse y que la ráfaga de disparos de azerita no le volara la cabeza. Los encapuchados oscuros cayeron como moscas. El goblin sopló el caño de su arma y pisoteó el cráneo de uno de los cultores antes de continuar la carrera.

Kalux aprovechó para correr hábilmente entre el grupo. Un cultor salió a su encuentro y el vulpera saltó propinando un hachazo en la cara del encapuchado. Para antes de que cayera al suelo, aprovechó el cuerpo del enemigos para saltar sobre otro de los cultores que estaba acuchillando a uno de los elfos de Serana. Clavó las pequeñas garras en los ojos del orco de Sangre Umbría y con el hacha le rebanó el cuello.

Un trol lo agarró por la espalda y la hoja de su daga emitió un destello al iniciar el ataque.

¡No! —Salamandra cargó tres flechas en su arco y lanzó el ataque hacia el trol. Dos de ellas se clavaron en la espalda del enemigo. Suficiente para que se desplomase, soltando a Kalux.

La otra impactó en otro de los orcos que se abalanzaba sobre el grupo, clavándose en su hombro derecho.

¡Traidores! —Exclamó el orco dolorido— ¡Moriréis, por Sangre Umbría!

POW

Yuh’ra le voló la cabeza de un disparo, luego cargó de nuevo su revólver y vació el tambor en los dos cultores que cerraban el paso.

¡Al barco! ¡Proteged el barco! —Gritó la zandalari apuntando con su daga en dirección a la nave. Esperó que todos los demás pasaran entre la carnicería para echar a correr tras ellos.

SSSSSSSHHHHHHOOOOT BUM

Tras el grupo estalló una explosión arcana que, aunque no los alcanzó de lleno, les hizo saltar por los aires.

Aturdidos, comenzaron a incorporarse. A lo lejos, tras la columna de humo, bajaba otro grupo de sicarios de Sangre Umbría, esta vez más numeroso.

Jarukan —dijo Serana— toma esto y salid de aquí.

La elfa le dio una bolsa y el trol tras un segundo contemplando lo que venía por el muelle, asintió y salió corriendo hacia el barco.

Serana miró a la bahía y alzó la mano. Como una enorme sombra fantasmal apareció un barco con las troneras abiertas y apuntando hacia el puerto.

Serana bajó el brazo y a su señal el estruendo de los cañones de La Mano del Verdugo escupió muerte en el muelle al paso de la hueste de Sangre Umbría.

La hemoh liado —comenta Jarukan desde el barco señalando con su cabeza hacia Bahía del Botín.

Las sirenas de la guardia y las campanas comenzaron a sonar.

El grupo miró hacia el lugar indicado por el trol. En el punto más alto del paseo hacia el muelle, el fuego recortaba una silueta negra, una mujer de ropa y pelo oscuro que parecía mirar al barco que se alejaba en la noche.

Dime que no es quien creo que es… —Ponzo miró a Jarukan con preocupación.

Shiannas —dijo el trol.

Apenas fue capaz de pronunciar su nombre, como si tuviera miedo de que lo escuchara en la distancia.

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