Caminantes de las fauces

Esa noche fue muy dulce: su belleza y frescura me hicieron meditar un rato largo. Largos juncos que brotaban del piso se movían al compás de mi corazón; y las sierras y acantilados parecían ser demonios vigilantes, altos hasta el cielo.
Mi mente me estaba haciendo alucinar un poco, pero la despejé de cualquier pensamiento al ver a lo lejos el gran cementerio.

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Su entrada estaba custodiada por dos gigantescas estatuas enfurecidas, que como todo guardián, nunca alejaban la vista del visitante.
Al momento de cruzar el Umbral sentí pequeñas rocas caer tras de mí.
Instintivamente voltee sin encontrar nada.
Mi visión no llegaba a distinguir el final de la necrópolis, por lo que la luz escaseaba cada vez más; las lapidas no conocían final salvo el que yacía grabado en si mismas, las hileras eran interminables, o por lo menos era lo que mi insolada mente me hacia creer.

Los panteones y pasos de criptas hacían disminuir la visión. La luminosidad de la luna dejo de ser mi aliada al entrar en el sector de los panteones, por eso decidí hacer uso del colgante de luz de mi hermano, la suficiente como para no tropezar con ningún obstáculo.
La larga búsqueda parecía interminable, en cada esquina de los caminos se sentía la presión que ejerce cual enemigo al acecho, pero mi vida de entrenamiento me enseño a evitar esos pensamientos bajos y al estar siempre alerta.

Al caminar un rato mas ni siquiera mi gran entrenamiento mental pudo evitar sentir un pequeño escalofrió a lo que escuche a continuación: un grave rugido provenía de una dirección. Me detuve un momento, solo para oír otro rugido del sentido contrario. Desenvainé a Myrkur y me puse en guardia.

Pequeños golpeteos comenzaron a acercarse, como cascos de caballos pero mas pesados. Decidí moverme de allí hacia un lugar con mas luz lo mas rápido que mi peso podía y llegue a un área clara y amplia con forma circular y con una gran estrella de 5 puntas delineada de blanco en el suelo empedrado.
Los golpeteos empezaron a acercarse hacia mí y me apoyé en una de las paredes de los panteones. De repente, los ruidos se detuvieron … cerca. Pasó un pequeño rato sin ocurrir nada, sabia que me encontraba al acecho por lo que trate de descubrir donde se encontraba sea lo que sea que me estuviese persiguiendo.

En un momento note una gran sombra saltar por encima mió y caer en el centro de la estrella: era uno de las estatuas de la entrada que había cobrado vida como una gran bestia de roca. Volteó y note sus ojos carmesí ajenos de este plano mortal. Tomé la iniciativa y lo golpeé con mis dagas las cuales fueron inútiles ante tal protección de piedra. La bestia me atacaba con sus zarpas de roca, pero yo lo superaba en altura y podía evitarlo. Tomé velocidad y brinque sobre una pared lo más alto que pude tratando de atinarle con la punta del mango a la bestia en mi caída con todas mi fuerzas.
Fue un golpe certero. Me hubiera gustado darle en la cabeza pero solo logre alcanzarle el lomo. Me alejé de él muy atontado por el golpe cuando de reojo observe que la bestia yacía desquebrajada en el piso. Tras recuperarme y darme cuenta de lo que había sucedido noté que la estrella del piso comenzó a brillar con un color rojo intenso, y varias inscripciones rúnicas aparecieron en los espacios en blanco.
La bestia se descascaró de su armadura rocosa y se convirtió en una gran bestia erguida en dos patas, delgada y más grande que antes, de un color rojo demonio y con garras en forma de cuchillas.

Muy rápidamente dio un gran golpe que esquivé por poco y agujereó la pared en la que yo reposaba. Me eché hacia atrás rápidamente y otro zarpazo de roca me golpeo fuertemente la pierna. Caí al suelo: era la otra bestia quien me había golpeado.
Yacía en un terreno que aumentaba su temperatura inexplicablemente; la bestia de piedra estaba a punto de rematar al igual que la bestia más grande.
Giré y volví a esquivar por poco lo que podría haber sido mi final. La bestia grande golpeó accidentalmente al otro, transformándolo a este en otra temible bestia.

Dejé que intentaran golpearme, para luego aprovechar sus burdos reflejos e ir despedazando de a poco pero parecían no morir jamás. Estaba cansado y uno logro hacerme caer nuevamente, no perderían una nueva oportunidad como esta.
Se prepararon para no dejarme escapar. Uno de ellos iba a rematarme en el suelo cuando golpeé una de sus patas de una fuerte patada lo que hizo que cayera sobre mí daga que lo atravesó.

Pude moverme hacia un lado, tome a Myrkur con furia y le corte desde abajo las dos patas a la otra bestia incorporándome rápidamente, y con un ligero movimiento le pude dar muerte cortando la cabeza limpiamente. La estrella se había apagado: me di cuenta de que se trataba de una invocación necrófaga, por lo cual las bestias podrían volver a la vida en poco tiempo. Aproveche la oportunidad y con una pequeña cantimplora de agua y las botas empecé a borrar la estrella. La carne de las bestias se había convertido nuevamente en piedra y yacían entre los lechos eternos.

Me senté a tomar un poco de aire.

Camine bastante, hasta que un gran panteón de granito detuvo mi paso.
En lo alto tenia una plancha de metal pulido, en el cual tenia grabado el nombre “AMLIN”, por lo que no es dificultoso darse cuenta de quien estaba enterrado dentro. Volteé para ver que no hubiese nada extraño en los alrededores antes de entrar. La puerta estaba cerrada por dentro. No iba a dar media vuelta y marcharme así que di una fuerte patada a la pesada puerta de Hierro justo en el medio.
Noté como la puerta se abría, se había destrabado por dentro.

Bajé las grandes escaleras de piedra caliza y note una gran hilera de antorchas en las paredes. Maldecía al oír como la gran puerta de hierro se cerraba nuevamente y esta vez por fuera; fue donde me di cuenta que no era suerte el que se halla destrabado tan fácilmente, por lo que seguí mas decidido que antes a cumplir mi labor de una vez por todas.

La escalera finalizó en un tétrico lugar lleno de cráneos pútridos, esparcidos por todo el recinto. Caminar por ahí me daba asco y no tuve otro remedio que colocarme el casco a pesar de los riesgos que podían ocasionarme. Me preguntaba porque en la tumba de una sola persona existirían tantos cadáveres, empecé a sospechar. Allí delante mió aparecía el ataúd del Joven Amlin; decidí perturbarlo por última vez para dar fe a que estaba allí, muerto.
De repente, todas las antorchas se apagaron repentinamente, dejándome solo con mi colgante en el cuello. Al acercarme al ataúd pude notar dos pequeñas estelas de luz y duros pasos metálicos que se hacían cada vez más fuertes … otros pequeños pasos de caracas viejas se oían tras de mí. Sonreí al oír que los pasos mas débiles se detuvieron justo detrás de mí, tomé las dagas y destruí a tres esqueletos caminantes de un golpe giratorio. Habían unos cuantos más pero no desvié mi atención de las dos estelas rojas de luz que yacían en el final del templo.
Decidí correr hacia las pequeñas estelas de luz delante cuidando de no tropezar.

Dagas en mano, observé que las estelas de luz ya tenían forma de ojos. Traté de cortar lo que se hallaba entre las estelas de luz y el suelo pero solo puede hacer cantar al aire. Apareció entonces una espada de la nada, retrocedí y me batí a lucha en la oscuridad solo guiado por los ojos del demonio.
Se trataba de Amlin, lo supuse por su destreza superior a los demás esqueletos. Sentí como el viento de la espada me raspaba por poco el brazo, las piernas y el cuerpo; realmente me encontraba en un día de suerte.
Lancé un vial de veneno al suelo que me hizo ver al demonio con el que enfrentaba por unos instantes. El pobre siguió lanzando sus alaridos con su espada que alcanzándome el pecho me dejo sin respiro. Mi armadura de cuero tachonado amortiguó el corte.

El muerto, más bien espectro, era Amlin pudriéndose de adentro para afuera que por una grieta del frágil suelo que se abrió, quiero creer, con la explosión de la poción cayó hacia lo desconocido donde pudo finalmente descansar en paz por la eternidad. La seguidilla de esqueletos que estaba tras de mí caían en otra brecha abierta en el suelo, corrí lo mas deprisa que pude para saltar la brecha antes de quedarme atrapado allí. Pude alcanzar el otro lado con mis manos, me levanté y corrí hacia fuera del panteón que se caía sobre mi guiado esta vez no por las estelas de luz, sino por la salida que era reflejada por la brillante escalera espejada.
Pude salir justo a tiempo ya que todo el lugar quedo bajo tierra.

La herida en mi pecho que no era pequeña pero tampoco letal, quedo como señal de la batalla, como un recordatorio que nunca olvidare, una visión de la realidad, de que el mal realmente nunca descansó. Tomé una hierba especial y cicatricé la herida rápidamente.

Miraba despabilante lo que antes era un sepulcro muy bien cuidado por el pueblo, donde yacía un héroe local que con valor vivió y murió por una causa noble. Juré por él y por Rogan que buscaría la forma de eliminar de una vez por todas el odio, el terror y la destrucción, que al parecer aún seguían existiendo por alguna extraña razón.

Lo descubriría.

Como último deber, coloqué en el lugar del hecho una estaca con forma de crucifijo en la que escribí con mi sangre mientras el alba aparecía tras de mí, simplemente:
Amlin.

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Estaba con los Kyrianos…
Había recorrido y llevado a cabo infinidad de misiones para las curias. Su afán de conocimiento,siempre le impulsaba a conocer todo lo relativo acerca de las personas para las que trabajaba.
No se sentía especialmente identificado con ellos,por aquello de “su alergia” a las órdenes. Consideraba el “ve y sirve” como un mantra repetitivo carente de sentido y profundidad.
Servir…toda su vida había “servido” a la luz,a su manera. Aquel fanatismo,y la obligación de olvidar lo que era,le producía un rechazo emocional. Entendía, aunque no compartía, lo que había llevado a los “renuentes” a su estado. Era necesario tener una gran confianza en si mismo,para no dejarse vencer…
El era como era,precisamente por sus acciones pasadas,y perder la esencia del individuo,no le parecía correcto. Ahora,como Mano de la Arconte, pensaba que podría hacerle entender su punto de vista…
Continuará

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-Vamos,vamos…levantaros ambas,tenemos mucho de que hablar.

Nel y Sandris se pusieron de pie y se miraron sonriendo.Ysera había renacido.

Era una de las penas que Menel llevaba en su fuero interno. Había tenido que matar a Ysera con ayuda de Tyrande y otras sacerdotisas. El Aspecto, sometido a Xavius iba a destruir el templo de Elune en el que ahora se formaba su hija.
Fue de las cosas más dolorosas que había tenido que hacer para salvar su mundo.Y sin embargo allí estaba la dragona verde frente a ellas sonriendo.
Suspiró con alivio.
Inclinó la cabeza levemente ante la Despierta en señal de obediencia.

-Sandris Plumaluna lo sientes?

La sacerdotisa no entendió la pregunta al principio.

-Si Magna. Siento la desolación,la oscuridad y el horror alrededor del aura de mi minn´do.
-Me temo que en su afán de venganza tu madre no ha salido de las Fauces como el resto. Sigue el rastro de Sylvanas Brisaveloz por esos terroríficos paisajes.Y lo que es más preocupante,bajo el influjo de cólera provocado por el rito a Elune. Si no la encontrais pronto el exceso de poder …la matará.

La general soltó un grito ahogado. Menel suspiró largamente.

-Sabía que el rito no era buena idea-musitó

Ysera la había escuchado.

-No…no lo fue. Pero en momentos de desesperación e ira se hace cualquier cosa,me equivoco?

Menel agachó la cabeza. Su masacre en Costa Oscura la golpeó en la cara como un puño.

-No mi señora,no te equivocas. Teldrassil dejó una huella muy profunda y dolorosa en todos nosotros,los kaldorei.

-Sigues culpándote por no haberlos salvado a todos verdad sacerdotisa?

Menel asintió ligeramente.

-No había nada que pudieras hacer,antes de morir tuve terribles visiones,N´zoth levantándose sobre Azeroth,vi Teldrassil arder…pero no todas mis visiones suelen ser reales,por desgracia estás lo fueron. Todo está escrito.

-No puedo vivir con esta culpa…-dijo Menel al borde del llanto.
-Lo se pequeña-contestó la Aspecto.
-Sus almas…
-Los salvaremos,ten fe.
-Pero primero mi madre-dijo Sandris.
-La misión que os encomiendo no es fácil. Quizás perdais la vida en ello.Debeis bajar allí,a las Fauces y buscar a Tyrande. Y si el destino así lo quiere…podréis encontrar también la forma de liberar las almas de los vuestros de ese eterno tormento.

-Cómo llegamos allí?-preguntó Sandris.
-Debéis volver a Oribos y saltar al gran vórtice del círculo central. Una vez en las Fauces…buscad pistas sobre la Suma Sacerdotisa de Elune.Buena suerte.

Se despidieron de Ysera con una reverencia y subieron de vuelta la cuesta para montar sobre las vermis de ánima para volver a Oribos.

Mientras regresaban a la ciudad eterna,Menel se preguntó si estaba dispuesta a morir por Tyrande.Tenía mucho por lo que vivir.Argent,sus hijos…
Sin embargo supo que si no por la Suma Sacerdotisa moriría por salvar las almas de los que no pudo salvar en Teldrassil. Era la única forma de hallar por fin la paz que su alma anhelaba.Ni el sindorei con su infinito amor había conseguido arrancar aquella dolorosa espina de su interior. Ni el profundo amor que sentía por Estel y Lith.
Si debía morir en el intento lo haría,su familia lo entendería.

Llegaron a Oribos antes de lo que esperaba,quizás porque estaba perdida en sus pensamientos. Sandris la miraba de reojo,no hacían falta palabras,Plumaluna entendía el debate interno de su amiga.

Se acercaron con paso decidido a aquel enorme vórtice de almas que al no poder ser juzgadas por la Enjuiciadora iban a parar sin remedio a las Fauces.
Y entendió que no solo las almas de los kaldorei importaban…que no eran las únicas que terminaban allí abajo…y que quizás y sólo quizás…volvería a ser una vez más la campeona que todo el mundo conocía,la que había colgado las armas por amor…y salvaría a TODAS aquellas almas del tormento eterno al que Sylvanas y su amo habían condenado.

Miró a Sandris con gesto adusto y sin pensarlo dos veces saltó dentro del vórtice.

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La noche cayó cuando regresaron a la posada del Orgullo del León, aún quedaban recientes las heridas de los extraños sucesos acontecidos allí hacía un año, pero tras la guerra muchos refugiados requirieron un nuevo lugar al que llamar hogar, para muchos gilneanos parecía que finalmente podrían reconducir sus vidas tras más de una década de penurias.
El pueblo aún no había recobrado su esplendor, pero numerosas viviendas y edificios habían sido reconstruidos o estaban siéndolo en aquel momento, y la Posada del Orgullo del León fue uno de los primeros en ser reabierto tras meses de duro esfuerzo.
El paladín fue el primero en entrar, la luz de la lumbre iluminaba hasta el último rincón de la planta, reflejándose el crepitar de las brasas de la chimenea en las cristaleras, las maderas recién pulidas y enceradas invitaban a hospedarse, sin embargo la planta permanecía desierta, ni los posaderos hicieron acto de presencia cuando entraron.

  • Esto sigue vacío, recordaba este local más… “transcurrido” escudriñó minuciosamente hasta el último recoveco de la sala Aunque pensándolo bien, lo prefiero así, las malas voces cuentan que esto llegó a ser un bacanal dejado de la mano de la Luz, espero que no fue…

  • El humano no muerto que lo acompañaba le interrumpió Todos hemos escuchado los mitos y leyendas de la “posada de Villadorada”, pero no tenemos mucho tiempo te recuerdo, mañana al alba tenemos que estar de vuelta y lo último que necesitamos es que te quedes durmiendo de más… y la verdad es que yo también querría descansar un poco, no sabemos cuándo, dónde o cómo será la próxima vez que podremos tener otro momento para descansar_.

  • El paladín abrió su boca para ocultar con su mano las fauces cuando bostezó, agotado de todos aquellos días luchando contra la Plaga Tienes razón, pero antes creo que deberíamo… ejem perdón, debería cenar, aún se me hace raro tu “condición”, sin acritud.

  • Bah, cuando llevas más tiempo muerto que vivo te acostumbras a estas cosas, no pasa nada, al menos eres de los pocos seguidores de la Luz que no me muelen la cabeza con esas pregonas de “que la luz te purifique” o “arde en el infierno ser profano”… _imitó las respuestas con voz burlesca”. Por casualidad, ¿Has escuchado a donde nos vamos?.

  • Nada, parece que cualquiera no puede ir como en otras ocasiones, supongo que debe ser algo realmente grave, y teniendo en cuenta los rumores de que han secuestrado al rey y compañía…

  • Mañana saldremos de dudas, ¿compraste todo lo que hace falta?..

  • Claro que lo hice, lo del otro día fue algo excepcional.

  • Esta tarde te ibas de la herrería sin el yelmo que dejaste al herrero… ¿De verdad no os enseñaban cosas tan básicas en aquel tugurio? El poco respeto que tenía por la Cruzada Escarlata se me está yendo por instantes Miró con sus mortecinos ojos entrecerrados al paladín

  • Lo que sea, ve a tu dormitorio a dormir, o lo que hagan ustedes por la noche, y ya descansaré yo cuando cene.

  • Eso sí recuerdas donde está tu dormitorio Dijo con saña el no muerto.

  • Que gracioso es el cadáver, anda vete a descansar, y no cruces el velo que entonces no vuelves. hizo aspavientos con las manos conforme el caballero de la muerte subía las escaleras que conducían a los dormitorios.

La noche transcurrió tranquila, aquel maltrecho pueblo descansó con tranquilidad ajeno a lo que acontecía sobre el cielo del mundo y en el otro lado del Velo, tras tanta guerra solo querían dormir tranquilos, como así sucedió, los inquilinos de aquella posada poco podían imaginar donde acabarían al día siguiente.
A diferencia del día anterior este deslucía, como si del invierno se tratara el cielo se encontraba completamente encapotado, a pesar de que hacía casi una hora que era de día, la densas nubes lograron hacer que la noche se perpetuase, aún lucían los faroles sus luces guiando a quienes comenzaban su jornada diaria, el frio viento solo prolongaban las ganas de permanecer en la cama unos minutos más, sin embargo para desgracia del sueño del paladín ya se encontraba en la lustrosa entrada del majestuoso castillo de Ventormenta, un rato después vino el humano no muerto, con unas gafas de sol nuevas

  • Debes estar de coña… ¿gafas de sol en un día como hoy?.. No estamos precisamente como para vestir a la moda… dijo el paladín alzando sus brazos, confuso por lo que sus ojos veían

  • El no muerto suspiró mientras se ajustaba su mochila a la espalda Si las compré es por un motivo, tratar de pasar desapercibido allá donde vayamos, no son perfectas, pero por lo menos disimulan mis ojos un poco, lo último que nos faltaría es que nos ataquen nada más pasar el portal.

  • Pero si se ven el resplandor detrás de las lentes… admite que te las compraste porque te gustaron, pero si no llevas yelmo… de hecho nunca te he visto con uno.

  • Eso no es de tu incumbencia. Dijo tajantemente.

  • Perdona, no quería abrir viejas heridas… dijo con voz baja y empática.

  • No hay nada que perdonar, pero… hay viejas heridas sin cicatrizar, me empiezas a caer bien, quizás algún día cuente algo de mi pasado…

  • No es necesario si no te sientes cómodo, solo somos dos tipos que tenemos objetivos comunes en verdad.

  • Claro… por cierto ¿no hay menos gente de la que pensaba que iba a haber?.. Esto no tiene buena pinta… miró a su alrededor sin perder detalle alguno, poco se podía ver de su mirada tras las lentes oscuras en aquel día de penumbra

Un humano…un enano… unos pocos kaldorei aunque son mayoría… ¿sabrán algo que nosotros no?.. esto es raro, entiendo que la mayoría estén agotados tras la guerra, pero tan pocos… gruñó el no muerto tratando de analizar lo que veía y el porqué del reducido número cuando me alisté para recuperar nuestra patria apenas daban a vasto los reclutadores, aquí sin embargo…

  • ¿Podría ser que desde la Horda se envíe más gente? No es la primera vez que nos aliamos en situaciones así, pero tienes toda la razón, llevamos casi una hora y somos bastantes pocos.

  • Kaldoreis… ¿Podría estar relacionado con esa bastarda de Sylvanas?.

  • Voy a preguntar, espera aquí por favor.

  • ¿A dónde iba a irme si no?.. Estos paladines se encogió de brazos.

El paladín se retiró el yelmo y se acercó a donde dos elfas se encontraban sentadas en un banco de prístino mármol blanco con cuidado

  • Hola, muy buenas. ¿Podría preguntarles algo?

  • Si es sobre si queremos convertirnos a la Luz, no. Dijo la elfa de pelo verde y mirada determinada al humano.

  • No, no es sobre eso…

  • No pienso hablarle a un cobarde humano que nos abandonó en Costa Oscura, solo mirarte me da asco, ¡fuera de mi vista! Increpó su compañera, de pelo gris cenizo y con una quemadura vertical que recorría su rostro

El humano permaneció delante de ellas, respiró hondo y exhaló tratando mantener la calma, recortó un paso la distancia entre ellos, se agachó para dejar su yelmo en el enlosado suelo con cuidado y se levantó de nuevo

  • Quise ser amable y educado… quise tener tacto porque sé por lo que pasaron en Kalimdor pero… agravó su voz considerablemente Ustedes, elfos prepotentes, supremacistas y ególatras ¡no me han permitido preguntarles NADA!, ¡Solo quiero saber que hacen aquí, en la ciudad de los bastardos que tanto odian y desprecian! Se subió al banco, agarró de la larga coleta a la elfa de horrible cicatriz antes de que pudiera reaccionar y la levantó tirando hacia arriba con firmeza, la compañera sacó una afilada daga lista para rescatar a su compañera del furibundo humano, pero quedó alzada a la altura de su compañera por su constreñido cuello, proveniente de la oscura garra saliente del humano de oscura armadura y gafas negras

  • Veo que necesitas una ayuda dijo con sarna, sonriendo y mostrando sus dientes muertos el humano

  • El paladín ignoró a su camarada, manteniendo su mirada en la elfa que su enguantada mano mantenía con firmeza Me respondes y os dejo libres, ¿Qué hacen aquí, a donde vamos y que saben que no sepamos nosotros?, si no quieres que tu amiga muera asfixiada a sus manos dímelo cuanto antes, de lo contrario no respondo.

La elfa trataba de liberarse, zafándose sin éxito del humano, por mucho que golpease su cara este mantenía su agarre

  • ¡Aarhg!, Nunca traicionaré a Shandris ni a la Suma Sacerdotisa. ¡Antes muerta que traicionar a los Kaldorei!.
    El paladín alzó más de la coleta a la elfa y la miró con desprecio ¿Shandris? soltó a la elfa, que cayó como si de un saco de patatas se tratase al suelo, su compañera también cayó al unísono

  • ¡Bájese del banco poco a poco y sin movimientos sospechosos! Gritó un guardia ataviado con los emblemas reales en su armadura.

  • Hazle caso, no vamos a sacar nada de esto. Dijo el no muerto con las manos en alto, rodeado de un grupo de guardias reales cuyas alabardas rodeaban su cuello, listos para liberar su cuello del peso de su cabeza si osase atacar

El paladín bajó con cuidado, apoyando una pierna en el suelo y luego la otra, luego alzó ambos brazos hacia el encapotado techo quedando rodeado de cinco guardias, notando los afilados filos de las alabardas en su cuello

  • Dejadlos libres, necesitamos cuantos más adalides mejor. La mortecina voz procedía de aquel ser de placas negras, decorados con lúgubres calaveras, el caballero de la muerte reconoció la familiar voz de inmediato.

Antes de que acaben matándose entre sí será mejor explicarles por qué están aquí, como han podido ver la Plaga se ha descontrolado estos días, ello se ha debido a que Sylvanas logró vencer al Rey Exanime en Corona de Hielo y rompió el yelmo de Dominación, y con ello el control que ejercía sobre los no muertos, como se habrá percatado aquel caballero de la muerte Señaló firmemente al humano, que algo sorprendido por aquellas palabras trataba de hacer memoria, por suerte parece que no has perdido la cordura. En resumen, que el velo entre la vida y la muerte se ha roto debido a las acciones de Sylvanas y su maestro, el Carcelero.

  • El antes señalado humano murmuró al paladín a susurros Ahora que lo dice es cierto, no he escuchado a Bolvar desde que todo esto comenzó… por cierto, me ha gustado tu actuación con esa elfa.

  • La tuya con la otra elfa tampoco ha estado nada mal. respondió a susurros el paladín
    Hemos logrado entablar alianzas con varias facciones, llamadas curias, que tienen problemas a consecuencia de lo sucedido, ellos les explicarán con más detalle la situación pero el tiempo apremia, así que todo aquel quien esté dispuesto a ir a las Tierras Sombrías que cruce de inmediato el portal, quienes aún no estén listos tendrán que usar el portal que están creando en la Torre de Magos, toda ayuda es necesaria si queremos seguir adelante.
    El enano entró el primero, tras el el humano y dos kaldorei entraron titubeando, claramente nerviosos por la forma errática de sus pasos, paladín y no muerto trataban de asimilar lo que habían escuchado, pero una mano invisible parecía arrastrarlos al moribundo portón de la muerte, cuando reaccionaron estaban frente a un portal del cual emanaba pura luz, pese a la oscuridad que emanaba Acherus, aún anclado a la cornisa de la Ciudadela de Corona de Hielo, la luz que emanaba aquel portal era capaz de cegar hasta al paladín, acostumbrado a su uso, otra mano invisible, quizás el destino, los arrastró al interior del portal, cegandolos
    Tras interminables segundos de cegueras lograron abrir sendos resquicios en sus ojos, no sin esfuerzo, lo que vieron de inmediato les dejaron sin habla, y con las mandíbulas a punto de tocar el prístino suelo.

  • ¿Es esto…el más allá? trato de decir el paladín, anonadado.

  • ¿Es aquí… donde tendría que haber… acabado? Acompañó el caballero de la muerte, aún más confuso si cabía
    Bienvenidos a Oribos, Adalides de Azeroth Una voz elegante, serena y seria interrumpió la perplejidad de aquellos humanos, ella provenía de un ser exótico, como nunca habían visto hasta entonces Soy Kah-Sar, les explicaré su función en el Proposito mientras estén en las Tierras Sombrías, acompáñenme por favor.

Continuará

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Oribos. La Ciudadela de más allá del Velo. El bastión donde todas las almas de la creación eran juzgadas por sus actos en vida. Un lugar donde ningún mortal había estado hasta que el Caminante de las Fauces y los adalides de Azeroth les abrieron camino.

Como lugar, Lirena los había visto mejores. La grandeza de aquel lugar empalidecía frente a las elegantes construcciones de Lunargenta, pero al menos debía reconocer que las vistas eran, cuando menos, impresionantes.

Habiéndose hecho un hueco en el siguiente envío de tropas y suministros que cruzó al otro lado por los portales, Lirena se apresuró a dejar atrás los fríos páramos de Rasganorte en pos de poner distancia entre quienes podrían reconocerla y los misterios del nuevo mundo que se abrían ante ella. Nada más llegar, un sentimiento extraño afloró en su interior, tan raro que Lirena prácticamente lo sintió como si sus entrañas hubieran vuelto a la vida el tiempo justo para revolvérselas. Aquel lugar… Era extraño cómo un lugar tan extraño se le antojaba tan extrañamente familiar, como el eco de un recuerdo en lo más recóndito de su cabeza.

Ajustándose la capa, Lirena empezó a andar y trató de ponerse manos a la obra. No había ido hasta allí para andarse con tonterías y extrañas sensaciones. Tenía un trabajo que cumplir, y pensaba cumplirlo a como dé lugar.

Lo primero era lo primero: necesitaba información. Aquel no era otro puerto o ciudad cualquiera, era una dimensión totalmente nueva para ella, llena de tierras y gentes tan extrañas como ella lo era de los propios vivos de su mundo. Si quería poder encontrar a Sylvanas Brisaveloz, necesitaba alguna pista que la pusiera en el buen camino. Así pues, por lo pronto, Lirena se puso en marcha y trató de buscar algún lugar donde el tráfico de personas garantizara el acceso a fuentes fiables de información. Siempre, allá donde hubiera comercio y tráfico, habrían quienes buscarían la forma de sacar provecho, o de lo contrario no habría visto tantos comerciantes interesados por llegar hasta allá.

No tardó en conocer a los misteriosos comerciantes que parecían monopolizar el mercado y la artesanía en la ciudadela: los Especuladores, seres tan peculiares como hábiles eran en el arte de los negocios. Aparentemente prestos a ofrecer cualquier servicio que la mente mortal fuera capaz de concebir por un precio justo, un par de palabras amables y algunas promesas de favores le concedieron un rincón donde quedarse en la posada que tenían allí montada, y un lugar en el Salón de las Formas donde poder trabajar la tela y el hilo.

No se hacía demasiadas ilusiones en cuanto a poder acabar su misión pronto. Si quería obtener el éxito y no tener que salir de la ciudadela entre bolas de fuego, tendría que ser cautelosa, mezclarse con el paisaje y tener el oído preparado para captar así cualquier cosa que le pudiera ser útil.

Así pues, como una más de los artesanos que ocupaban junto a los Especuladores el barrio artesano de la ciudadela, Lirena empezó a trabajar.

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Al continuar mi viaje, decidí seguir hacia el norteste, camino a Nueva Thalanaar evitando las Ruinas Isildien y Niebla Negra y así evitar cruzarme con los Gnolls Zarpaleñas.
Al fin pude respirar la suavidad del bosque y bañarme después de 2 semanas de viaje agotadores en un pequeño riachuelo. La herida del pecho estaba casi curada gracias a otro pequeño ungüento que había preparado, el bosque tenia una fragancia a vida que me saco un poco el sabor a muerte de las tumbas.

Siguiendo por el bosque, me detuve a escuchar un ruido de los árboles circundantes.
Estuve un rato tratando de detectar al enemigo cuando un proyectil pasó justo sobre mi hombro, al voltear observé a una enana de cabellos rubios y ojos como la miel que caía del árbol en la que estaba junto con su rifle. Corrí y atrapé a la joven antes de que se golpeara: hubiera sido una caída mortal.

— No temas joven, no te haré daño. —– Le dije mientras me quedaba viendo

— ¡¡ Suéltame orejudo !!Gritó¿Quién diablos crees que eres extraño? ¡Has robado mi comida!

— Soy quien te a salvado la vida, y sí … tengo hambre, pero no acostumbro a robar …

— No te creo, de todas formas no hubiera necesitado tu ayuda. Lo único que lamentaré es no poder cenar esta noche: ¡me costó mucho atrapar ese pez solo con mi piqueta! ¿Sabes?, espero que te haya gustado. ¡Tengo muchas ganas de romper…! —- en ese momento ella interrumpió su interesante discurso y sonreí al ver pasar delante nuestro un pequeño zorro con un pescado en su boca.

— Si quieres podemos comer juntos algo que traigo conmigo. Debes de estar muy agotada por llevar un arma tan pesada … —- Le decía sarcásticamente.

—- Puedo cuidarme sola, y para tu información ese “zorro” es mío. —- frunció el ceño mientras se daba media vuelta hacia el bosque.

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Era una enana muy atractiva. Al parecer estaba muy lejos de su hogar y su mirada me decía que estaba tratando de regresar.
Al rato oí unos pasos tras de mi, no me arriesgué a que me apuntaran nuevamente con un rifle, así que tome mis armas ferozmente y me di vuelta para ver a mi agresor; era ella otra vez. Instintivamente, pero no intencionalmente la empuje hacia atrás y cayó a una montaña de hojas caídas …

— Gracias … puff … — decía mientras escupía las hojas — Si te diriges hacia Mulgore, el único lugar al cual ir, te diré que vas por el camino equivocado. Si quieres puedo ser tu guía.

— Bueno, bueno ¿Qué no era que te cuidabas sola? — sonreí.

— Claro que si, pero … ejem, veo que no eres mala gente y he decidido ayudarte, extraño.

— Me llamo Nhail. ¿Cuál es tu nombre?

— Me llamo Svelien. Soy una enana guerrera y cazadora de otras tierras muy lejanas.

— ¿Cazadora?. No creo que seas buena en eso, ya que no me diste — le dije con cierto tono burlesco.

— No te imaginas de lo que soy capaz. Agradece que no te atiné.

Siguiendo el viaje juntos llegamos a su campamento, en ese momento supe que conocí a una nueva amiga. Mas tarde nos asentamos en una cabaña abandonada en la que ella había estado residiendo.
Svelien me sirvió la cena con mucho placer: había combinado mis últimos pedazos de pan en pequeños trozos en un caldo, con conejo, pescado … parecía que alguien estaba arrepentida. Me pidió disculpas por lo que paso en la mañana en el bosque, igualmente, ya las venia venir.

— Nhail tengo que pedirte una gran disculpa, pero a la vez un gran favor.

— ¿Que favor? — le pregunté con intriga.

— Feralas es muy peligrosa por las noches, por lo que te pido que no te alejes al anochecer. Existe una bestia entre las bestias de los Yetis Cicatriz de Rabia. Esta, es enorme y peligrosa. Aparece por las noches en este bosque y causa terror en los alrededores. Ya ha matado a bastantes aldeanos por lo que quiero que no te acerques hasta que partamos mañana.

— Estas bestias no suelen atacar a las personas, salvo que estén en peligro de muerte, o … estén corrompidas. — Dije atónito. Recordando mis años en Cuna del Invierno.

— Nhail, ¿quieres decir que … el mal no había acabado ya?

— Es algo un poco complicado de explicar, luego lo haré con detalle; por lo pronto debo preparar algunas cosas, y descansar para mañana: iré en busca de la bestia.

— Elfo, espera: muchos aldeanos lo han intentado pero han perecido … son muy territoriales y se rumorea que hay más de uno …

— Entonces acompáñame mañana a darles muerte de una vez por todas; que mejor compañía que la tuya.

— Te acompañare, contemplaré como caes presa de la rabia de estas bestias.

— Ya veras quien es el muerto, Svelien. -– le dije mientras me levantaba de la mesa para organizarme.

Lo que me quedaba de pociones mágicas lo repartí con ella, quien remendó mi armadura. Parecía tener un buen rifle pero estaba muy debilitado por el uso. Por las dudas se estropeara le di una valiosa y antigua daga dorada proveniente de las guerras del mar de dunas, mucho antes de que naciera, poseía poderes mágicos aunque nunca supe como usarla, ella se había puesto muy contenta al recibir un regalo después de tanto tiempo sola. Juntos hicimos gorros de cuero, con un poco que ella tenía por allí. Luego tratamos de mentalizarnos y descansar antes de la caza.

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En un cerrar de ojos me dormí.
Esa noche desperté súbitamente.
Una fuerte mano me tocó el brazo …

— Están aquí … vienen por nosotros.

— ¿Pe … pero como es…? — Le murmuré.

—No hay tiempo, ¡vamos!

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Contemplaba el cielo estrellado, mientras Celesthia reposaba dormida sobre su hombro…
El paladín estaba seguro de que ciertas cosas escapaban al conocimiento de los mortales, y que de alguna manera,aquello estaba predestinado para que aconteciese.
Acarició el pelo de su compañera,mientras recordaba como la había conocido siendo un novicio. Por alguna extraña razón, ambos se habían sentido irremisiblemente atraidos hacia el otro. Juntos habían entrenado,y para ella nunca había significado nada el tono de su piel. El era una rareza entre los suyos,su extraño albinismo,había provocado que su cabello fuese asi desde su nacimiento,mientras que el tono de su piel,era oscuro. Quizás lo que en principio parecía un caso aislado, con el tiempo,se había demostrado que no lo era tanto. El achacaba la aparición de esas tonalidades de piel a una mutación, provocada por los efectos a lo largo de generaciones, en las radiaciones de la fuente del sol. A estas alturas,tampoco le preocupaba ya…
Celesthia se removió inquieta en sueños,y el con su tranquilidad habitual,acarició su suave melena, mientras besaba amorosamente su frente. Esto la tranquilizó al instante,como siempre sucedía, rebulló un poco, y apoyando su mano sobre el pecho de el,volvió a dormir profundamente.
Contempló nuevamente las estrellas de las tierras sombrías,preguntándose que nuevas aventuras,les esperarían en el próximo amanecer…
Continuará

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-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Al escuchar aquello,Menel había amenazado a aquella maldita daga con enterrarla en los excrementos de Nieve por tremenda infamia.

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Tyrande le había pedido que fuera ella,que intentase que la invasión fuera lo más pacífica y ordenada posible,pero Teldrassil ardía con una intensidad inusual,un árbol del mundo no podía arder de aquella manera. Intentó salvarlos,casi perdió la vida en ello…hubiera preferido morir allí que sufrir aquel dolor y pena que la mataban lentamente. Habían clamado ayuda a su diosa,pero no acudió. algo iba terriblemente mal…acaso Elune…había…muerto? No cabía otra explicación. Sin embargo había concedido a Tyrande unos poderes oscuros y terribles.

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Él le devolvió las ganas de vivir,la sonrisa,habían sido padres,habían pasado por mucho,el secuestro de Lith,la invasión de la Legión Ardiente…pero la culpa y la pena eran una mancha negra en su alma,una mancha enorme que no le dejaba disfrutar de aquella felicidad,que le hacían creer que no la merecía.

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Sandris había acudido a pedir su ayuda,las almas de los kaldorei agonizaban de horror en las Fauces de las Tierras sombrías. No puede ser pensó…La gracia de su diosa los convertía en fuegos fatuos y los ligaba al bosque. Quizas Sylvanas y el carcelero de alguna forma retenían a Elune y la única ayuda que pudo prestar había sido conceder a su suma sacerdotisa su parte más oscura.

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Abandonó a su familia,si bien Tyrande en su día la había despojado de su status de sacerdotisa y exiliado…había algo de lo que nadie podía despojarla…su fe inamovible en la madre luna. Tenía que ir…tenía que salvar a aquellas almas, o no podría perdonárselo jamás.

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Corrían tras Tyrande por Torgash…y allí estaba…aquella amalgama de almas de los hijos de las estrellas que entre gritos de agonía se preguntaban porque su diosa los había abandonado. No siguieron a Susurravientos,debían salvarlos.A ellos,a todos…

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Había prometido volver pronto…pero bajaba a las fauces una y otra vez jugandose la vida para intentar salvar cada incursión las almas que podía…Jandría,Astaari, Ferryn…poco a poco…pero quedaban tantas aún…

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Había buscado a Huln,reunido a anteriores guerreros nocturnos,la cólera de Elune amenazaba con destruir a su suma sacerdotisa,el ritual se descontrolaba,Tyrande arrasaría Ardenweald a su paso…y entonces…pasó.

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

-Envié la cascada de almas para sustentarte…
-Oh…el gran árbol…todas aquellas almas…están en las Fauces
-Entonces…he condenado a mis hijos predilectos…

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

A partir de ese momento…todo estaba confuso…la bruma,el shock…recordaba vagamente la lágrima,el corazón del bosque…mientras la cruda verdad se abría paso en su interior como una marea imparable que amenazaba con destruirla por entero.
No quería creerlo,no podía…sin embargo era lo único que le daba sentido a todo…

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Y lo era,y cruel,e inútil…su inamovible fe se derrumbaba como un castillo de naipes. Los había sacrificado,se había quedado mirando para ayudar a su hermana,les había negado el don de los fuegos fatuos…solo para enviarlos a las fauces. La culpa y la pena que la habían atenazado durante los dos últimos años se vieron sustituidos por la decepción que dejó paso a una creciente oleada de rabia,ira…

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Tenía que hablar con alguien…buscó a Sandris por todos lados, la encontró con Tyrande en las afueras del corazón del bosque. Ellas lo entendían,se sentían como ella…pero según se acercaba no pudo evitar escuchar su conversación. La estaban…justificando?

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Los susurros se abrieron paso en su interior…mátalas…no dejes que le cuenten esas mentiras a los pocos kaldorei que quedáis. Tu “benévola” diosa os ha condenado al borde del exterminio…y ellas la defienden. Ni siquiera la habían visto.Se giraron de espaldas contemplando la inmensidad de Ardenweald…la ira se descontrolaba en su interior,su fe se había derrumbado.Nada tenía sentido…

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Se alzó sobre el suelo…flotando rodeada de una creciente oscuridad, decenas de tentáculos hechos de vacío puro la rodeaban confiriéndole poder…un poder que concentraba en sus manos,estrujando su propia esencia,sus creencias desmoronadas,la cruda verdad…mátalas…

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Absorbió la bola de energía,dispuesta a soltarla en una enorme y poderosa explosión de vacío y matar con ella a traición y por la espalda a su mejor amiga y su suma sacerdotisa…nada importaba ya…hasta el último aliento de vida iría en aquella explosión,morirían las tres.

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Algo la distrajo en el último segundo. Conocía de sobra aquella luz blanca que la rodeaba.Pero esta vez no la reconfortaba,no la sanaba…su bendición le daba asco.Pero le confirió un momento de lucidez.

-Elune es una diosa díscola -había susurrado Xal´atath

Se apartó de la luz,de la bendición de aquella diosa a la que había entregado su vida,de aquella diosa que los había traicionado.

-No me toques-susurró asqueada- quedatelas,a ellas puedes seguir engañándolas…a mi ya no.

Empezó a correr cuesta abajo,los guardias de la cacería salvaje la saludaron,pero ya no oía,no veía…el dolor de la traición de Elune, de Tyrande,de Sandris…la bruma volvía a envolverla.
Corría entre los árboles mientras se despojaba de su armadura,de la armadura de Ardenweald,no quería nada de la Reina del Invierno,nada de Elune…nada de nadie.
Estrelló aquellas ramas que había portado orgullosa en su espalda contra un árbol,oyó el chasquido,pero no se paró a mirar atrás. Seguía corriendo mientras los arbustos le desgarraban la túnica. Tiró los guantes y los brazales a la hierba sin parar de correr.Como si así pudiera escapar de la ineludible verdad.
Tropezó con una raíz y cayó de rodillas. Y lloró…lloró la pérdida,el dolor,la traición,la ira…
Quien era? Tyrande y Elune la habían despojado de todo lo que había sido durante diez mil años…se sentía vacía y perdida.
Con los ojos anegados en lágrimas notó otro brillo…esta vez no la rodeaba,procedía de ella misma. De su mano derecha.
Su gema de alma brillaba con una intensidad abrumadora,la reconfortaba y la sanaba,sanaba las heridas de su alma.
Se quien soy-se dijo- Soy la esposa de Argentsword Caminasol, la madre de Aldalith y Estelaldië, soy alquimista,soy una elfa.

Sonrió con dulzura. La pena,la rabia todo se desvaneció. Quedaba el infinito amor por su familia. La culpa ya no la atenazaba. Elune era una diosa díscola,había sido ella la que había condenado a su pueblo,la que los dejó morir…

Su toga estaba hecha jirones.Alarmada se palpó el bolsillo.Respiró aliviada. Su piedra de hogar estaba allí. La sacó despacio,mirándola.Sabía sin lugar a dudas que iba a ser la última vez que recitase aquel conjuro,volvía a casa y ya no había absolutamente nada que pudiera separarla de su familia nunca más.

Mientras se difuminaba en aquella luz verde,miró por última vez la belleza de Ardenweald y con una sonrisa irónica pronunció unas últimas palabras…
-Elune adore…

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Argent se levantó inquieto aquella mañana. Algo había notado,como una conmoción que le había tocado el alma. Sabía que sólo podía tener un origen,puesto que ella estaba unida a él, de una forma muy especial. Se sobresaltó al inicio,y automáticamente fué a enfundarse su armadura,sin embargo,se detuvo a medio camino,su anillo había lanzado un destello,que poco a poco se fué transformando en un brillo suave…
Había pasado el momento crítico, y ella estaba a salvo. Sonrió con dulzura, mientras tocaba la gema con suavidad. Paz…
Se dirigió hacia la cocina,mientras tarareaba una antigua melodía, que hacía referencia al amor. Con mimo,preparó una cafetera,y mientras sonaba el borboteo del café, se sentó en el sofá, tenía la certeza de que ella volvía hoy,y el estaría esperando como de costumbre, para abrazarla con ternura…
Continuará

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Se materializó en el alto de Krasus aspirando el aroma de la ciudad de los magos.
Estaba en casa. Pretendía dirigirse a la tienda cuando reparó en que estaba hecha unos zorros. La toga hecha jirones,los ojos hinchados,el cabello revuelto…
No quería asustar a su esposo.Ya habría tiempo de contárselo todo.
Suspiró largamente y se dirigió a su hogar.
El sistema de Purple aún funcionaba,puso la mano sobre la puerta y esta se abrió sola.No había nadie,era media tarde y se supuso que Argent estaría en la tienda con Dawn y Estel.

-Mejor así- pensó

Recorrió su hogar en silencio. Estaba ordenado y limpio excepto por unos juguetes en la habitación de su pequeño. Se agachó y los recogió sin prisa.

Después se dirigió a su baño privado.El reflejo en el espejo le devolvió una cara cansada,pálida.Bajó a la cocina a calentar agua y con un levitar subió varios cubos y los vació en la bañera.
La llenó de jabón y sales,se despojó de lo poco que quedaba de su túnica,de su ropa interior y se introdujo en el agua.
Fue más que un baño…con la tierra y la suciedad de su carrera por Ardenweald también se limpiaba de su anterior yo.

La Menel que salió de la bañera tiempo después era otra.Se secó y abrió un baúl. Buscaba una toga en concreto,una de tonos azules a juego con su pelo. Una toga formal que no tuviese que ver con su anterior vida. Se miró en el espejo,le sentaba bien. La palidez y el cansancio habían desaparecido,dejando lugar a una extraña paz.
Manicura,pedicura…se dedicó tiempo,el tiempo que no había tenido en las Tierras Sombrías dedicada a salvar almas de los hijos de las estrellas.
Se calzó unos zapatos de tela y cuero de suela plana,cómodos pero bonitos,a juego con la toga.
Se cepilló el pelo y lo dejó secar al aire mientras se disponía a hacer la cena.


Argent cerró la tienda y se despidió de su hermana mayor. Dawn se iba a acercar al Templo de la luz y el vacío a ver si conseguía noticias acerca de su cuñada.
Con su hijo en brazos que hacía pucheros porque estaba cansado se dirigió a su hogar.

Al doblar la esquina un olor familiar se coló en sus fosas nasales. Reconocería ese olor desde cualquier lugar de Azeroth. El corazón le empezó a latir con fuerza.
Era el olor del asado de su esposa. La ventana de la cocina estaba abierta, siempre la dejaba cerrada porque no confiaba en los rufianes que muchas veces se movían por los bajos fondos.
Menel estaba en casa.

-Peque,tengo una sorpresa para ti pero tienes que estar muy calladito vale?- le dijo a su hijo

-Una “chorpecha”?

-Si pero shhh vale?

-Vale papi!!!

Aunque quiso obrar despacio subió los seis escalones de dos saltos. Apoyo con cuidado la mano en la puerta y esta se abrió sola.

Allí estaba ella. Se quedó observando como su esposa cortaba pan canturreando ajena a que los dos hombres de su vida la miraban embelesados.

-MAMIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII- gritó Estel olvidando lo que su padre le había dicho.

Menel se giró con rapidez y sus plateados ojos brillaron de felicidad y amor.

Argent puso a su hijo en el suelo que con sus pequeñas piernas recorrió corriendo la distancia que lo separaba de su madre,mientras esta se agachaba y abría los brazos para recibirlo.
El paladín se quedó quieto observando la escena y esperando su turno con una gran sonrisa.

Estel saltó a los brazos de su madre que se incorporó abrazándolo.

-Mi pequeño…me has echado de menos.
-Mucho mami!!!
Lo llenó de besos mientras le decía que ella también lo había echado de menos y lo quería.

Miró a su esposo y solo susurró una palabra.

-Ven…

Argent se acercó a ella,la cogió por la cintura y la atrajo hacia si.

Se quedaron mirándose a los ojos unos instantes, no hacían falta las palabras.
Se besaron despacio,cada roce de sus labios expresaba el infinito amor que se profesaban y lo mucho que se habían extrañado.

-PUAJJ- protestó Estel en los brazos de su madre-como dice tío “Papel” sois empalagozos.

Con los labios aun unidos no pudieron evitar reírse. Se separaron despacio.

-Así que tío Purple dice que somos empalagosos? -preguntó Menel muy seria.

-Si- contestó su hijo asintiendo repetidamente con mucho énfasis.

-Voy a tener que conversar muy seriamente con él.

-Va a huir a Draenor por lo menos- dijo el paladín soltando una carcajada.

-Mas le vale…

Se sentaron a cenar. Argent notaba un cambio enorme en su esposa,seguía siendo ella,pero a la vez la veía distinta.

-Amor…que ha pasado?

-Luego…-dijo mirando a Estel.

-Te esperaba esta mañana…sentí…

-El tiempo en las tierras sombrías es distinto.

Menel desvió el tema y les preguntó acerca de lo que habían hecho en su ausencia. Tras cenar Estel bostezaba y decidió acostarlo.

-Ve amor,yo recojo-dijo el paladín.

Su hijo cayó pronto en el sueño,con una sonrisa porque su mami había vuelto.

Bajó a la cocina. Argent la esperaba con dos humeantes tazas de café.

Se las llevaron al salón y se sentaron en el sofá abrazados.

-Me lo contarás ahora?

Su esposa suspiró largamente.

No hizo muchas referencias a los peligros que había corrido en las Fauces para liberar las almas que Elune había enviado allí en un burdo intento de congratularse con su hermana.
Pero fue sincera con lo demás…la traición de su diosa. El hecho de que Tyrande y Sandris siguieran confiando en ella…la pérdida total de su fe, de su misión…

-Pero sabes? Estoy bien,siento que estoy donde debo,que ya nada importa salvo vosotros.

-Segura?

-Segura- afirmó con rotundidad-pero debemos decidir que hacer con Lith. No quiero que malgaste su tiempo y su fe en “ella” dijo con cierto desprecio.

-Lo hablaremos mañana por la mañana- dijo Argent acercándose a besarla.

La noche de Dalaran fue el único testigo de su amor.

( Y ahora si…fin)

No volveré a escribir con Menel. Después de lo sucedido con Elune no tiene sentido. La jubilo del todo. Argent ha empezado un relato con nuestros paladines…es hora de cambiar de curia,de personaje…de empezar una nueva historia.

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La luz de Elune se colaba por los resquicios de la ventana. Menel descansaba dormida sobre su pecho,por fin relajada. Los rictus de dolor y crispación, que tiempo atrás estaban marcados,incluso cuando dormía,habían desaparecido,dejando una dulce belleza,que traspasaba el alma del paladín…
Los reflejos luminosos danzaban sobre Menel,como queriendo reclamarla para si. Argent que hacía tiempo que no creía en las divinidades,sonrió.
Ya no Elune,la has dejado vacía, le fallaste a ella y a los tuyos en la hora más negra. No eres tan diferente de nosotros, puesto que compartes nuestra materia,y nuestros errores. Confiaba plenamente en ti,y no has demostrado ser merecedora de esa confianza.
Alguna vez entenderás, que es más facil creer en aquello que está próximo. Un abrazo,una caricia…cosas tan sencillas y humanas,que a la vez escapan a vuestro entendimiento por su complejidad…
Tal vez sólo sea un humano,pero yo al menos,estaré a su lado cuando la oscuridad,el miedo,la impotencia y el temor aparezcan. Lo mismo que estoy seguro,que ella hará por mi. Así que mi querida Elune,tu hora ha pasado con respecto a Menel. La mia permanecerá constante, así,que si no te importa, no la reclames más, ha dejado de ser tuya…
Como si de una orden se tratara,los plateados rayos,se retiraron. Argent besó con ternura la frente de Menel,que rebulló entre sus brazos,y sin abrir los ojos,se abrazó a él más prietamente…
Así acaba también el hilo que iniciamos hace 3 años. Ahora nuevos personajes,llenarán estos huecos narrativos. Gracias

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No encontré explicación al como las bestias tomaron conocimiento de nuestro ataque, solo me quedaba pensar en algo fuera de mi alcance.

Tome a mi inseparable Myrkur y rápidamente me puse mi armadura de cuero con un corte en el pecho. Seguí a Svelien, armada con su gran rifle y su nueva daga, por una compuerta bajo el piso de la casa.

— ¿Donde nos llevara este pasadizo enana?

— Hacia afuera. Sorprenderemos a los Yetis por detrás …

Seguimos caminando por el oscuro pasadizo y de improvisto aparecieron frente nosotros varias bestias demoníacas: eran unos diablillos, escoltados por cuatro majestuosos Sátiros, con armaduras de metal rojizo y cascos con visores que solo daban lugar a la vista de las bestias. Retrocedimos varios pasos mientras apuntaba con el rifle hacia las bestias más pequeñas que tomaban la iniciativa en la pelea, además de encontrarnos atónitos al ver demonios frente nuestro, mis miedos mas bajos parecían escarbar dentro mío.

Tomé iniciativa y aniquilé a dos diablillos fácilmente con varios dagazos; Igualmente, Svelien, se deshizo de uno a distancia y otro que logro acercarse con la daga que le regalé, liberando ante nosotros una estela de llamas al impactar que nunca había observado en aquella arma. Luego, nos acercarnos a los Sátiros, armados hasta los dientes, parados mirando como asesinábamos a su pequeña fuerza de asalto.
Nos detuvimos al ver que uno de ellos alzo su palma con los dedos hacia arriba, emanando una luz grisácea.

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Inesperadamente observe como los diablillos caídos volvían nuevamente a la vida, no logré entender como era posible aquello, era algo totalmente imposible de creer; los diablillos en las guerras acostumbraban a ser reanimados, según recordaba por diablillos mas jerárquicos, pero lo que había observado allí era algo único, una previa a lo que nos encontraríamos más adelante en nuestro viaje.

Desenfrenado, tomé las armas y traté de atizar a la primera abominación pero fallé enterrándolas en el suelo. Confiado, el monstruo trató de rematarme, pero volteé con un giro rápido hacia atrás y rebané su pecho. Al erguirme, un caído me golpeó la espalda, pero Svelien de un disparo pudo contener a la bestia.

— ¡Vayámonos de aquí ahora! — le grite mientras otra bestia vivificaba nuevamente a los caídos que Svelien mató.

Seguimos hacia el frente, tomé un poco de velocidad para embestir a los dos de adelante, los cuales quedaron rendidos en el piso.

Seguimos corriendo hasta que salimos por una puerta hacia el bosque. Tomé el ultimo vial explosivo y lo arrojé hacia la entrada del pasadizo el cual se desmoronó entre una oleada de veneno corrosivo.
Esto no había terminado aún. Svelien preparo mas polvora y apuntó; Nos vimos en un claro del bosque con esas bestias peludas, los Yetis Cicatriz Feral; sus manos eran más grandes que mi cabeza y tenían la misma estatura que la casa. Aunque no eran tan distintos como a los que antaño me enfrenté en Cuna de Invierno.

Svelien disparó a la cabeza de un monstruo, y luego a otros dos …
Myrkur cortó la mano de otro engendro. Su otra mano casi me atrapa, pero con un agacho pude destriparlo de un corte limpio.

La enana sorprendentemente tomo 10 balas, todas al mismo tiempo y disparó matando a unos cuantos más de un solo disparo, no podía creer que fallase en la anterior ocasión en el árbol, era realmente muy habilidosa. Me di cuenta que era una cazadora muy experimentada y curtida y que solo quiso asustarme el otro día.

Al morir todos los Yetis seguimos adentrándonos al bosque para buscar al líder que casualmente no apareció de entre la multitud

— No es tan pequeño y no es tan fácil de derrotar — Me dijoSolo lo encontraremos en el Corazón del bosque

Nos adentramos al bosque en plena oscuridad. El entorno era bastante decadente con el pasar del camino. Los árboles eran cada vez más gigantescos y cubrían la luz de Elune.

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— Esta flecha esta bendecida por una vieja amiga mía Arpía, soberana del fuego, por lo tanto, no se apagará ni con agua, ni tampoco con arena. Úsala como antorcha.

Seguimos caminando, hasta que nos encontramos con el lider, rodeado por aproximadamente 20 yetis menores.

Corrí hacia ellos con tal ahínco que murieron en pocos golpes repetitivos. El Líder quedó solo entre los cadáveres de sus compañeros.
La bestia saltó sobre nosotros con todo su peso pero nos movimos en el instante justo. Svelien disparaba sobre él pero no le hacían ningún daño, solo chocaban sobre su piel dura como la roca.

Tomé el filo cubierto de sangre y frote la flecha que me entrego sobre la afilada hoja; Al hacerlo se alzó en llamas.
Me moví con tal potencia sobre la bestia que hizo que su cuerpo se destrozara al impactar sobre él. El impacto hizo que estallara en llamas y cayera al suelo, su cuerpo se volvía cenizas al ir consumiéndose. Tomé una botella de mi mochila y guardé un poco de la sangre del yeti en llamas, se mantendría encendido por el fin de los tiempos.

Svelien y yo volvimos hacia la cabaña, apestados con la carnicería que habíamos realizado. Nuestra tarea había terminado por ahora, pero aún debíamos seguir hacia el norte.

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Relato de Thantos probando un nuevo formato de publicación:

El futuro. Muchos se pasan la vida intentando controlarlo. Intentando entenderlo. Lo desconocido les resulta aterrador, y nada da más pavor que la incertidumbre sobre lo que el tiempo les depara. Pero yo creo que ese conocimiento es la verdadera maldición. Saber que algo va a pasar, que tiene que pasar, con absoluta certeza, incapaz de cambiarlo o hacer nada al respecto, es una tortura que me persigue día y noche. Ellos tienen un don que a mí se me escapa.

De la incertidumbre nace la esperanza, algo que para mí murió entre las abrasadoras dunas de Uldum.

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Celesthia se despertó de golpe. Le había parecido escuchar un gruñido,aunque bien podía haber sido de su propio estómago. Al desperezarse sus músculos y huesos crujieron de dolor. Miro a su izquierda. Earnur aún dormía. Amaba a ese elfo más que a su propia vida. Aunque en ese instante quisiera ahogarlo.
Echaba de menos su cama de Lunargenta,con sábanas y dosel de seda… Mantas de terciopelo. Exquisitas comidas… Era una sindorei de los pies a la cabeza,más que acostumbrada a los lujos de su status. Era hija de un general forestal y una de las mejores magas de los sindorei. Había vivido entre comodidades desde su nacimiento. Tanto que literalmente habia tenido una cuna de oro. Sibarita,amante del lujo y las comodidades…pero…un elfo de piel oscura se había cruzado en su camino un día cuando salía de comprar una toga de seda nueva. Tropezó con él,encolerizada iba a gritarle que mirase por donde iba,pero se quedó colgada en sus ojos…y por primera vez en su vida fue ella quién pidió disculpas.
Ahora estaba allí,sobre el duro suelo de Korthia,armada de placas, durmiendo en un saco de dormir y medio muerta de hambre.
-Te odio-susurró mirando a su amado.
El abrió un ojo y con una sonrisa divertida le dijo…
-Ha sido una mala noche princesa?
-Tú que crees? -dijo mirándolo enfadada-me duele todo y tengo hambre!!
Earnur se desperezó y abrió su mochila. Sacó un pequeño tarro con café molido,un odre de agua y un pequeño cazo de cobre,avivó el fuego echando un par de leños mas.
Mientras el agua hervía sacó otros dos pequeños frascos casi vacíos,uno contenía leche en polvo,el otro azúcar.
Celesthia hizo un mohín.
-Me temo que solo queda un poco de pan para tomar con el café-dijo pasándole un trozo.
-Por Belore!! Está duro como una piedra, sería más útil para cazar algo que para desayunar.
-Puedo intentar matar un gromit con él-contestó Earnur.
-Si saben cómo pintan mejor no-contestó Celesthia con cara de asco.
Echaba de menos sus desayunos en Lunargenta. Café, bollitos recién hechos,zumo, mermelada de frutas… Se lo traían a la cama cada mañana.
Mientras el paladín colaba el café no pudo evitar sonreír.

  • Perdón no miraba por donde iba- musitó prendida en sus ojos.
    -La culpa es mía,llegó justo a mis prácticas y mi tutor me hará recoger todo el material de entrenamiento si llego tarde.
    Con una rápida inclinación le cogió la mano, depositó un beso sobre ella,se giró y empezó a correr por la calle.
    Celesthia se quedó allí quieta,con las mejillas sonrojadas y un calor desconocido que le subía por la espalda.
    -El café está listo- dijo Earnur tendiéndole una taza.
    Ella la cogió distraída.
  • Recordaba el día que nos conocimos.
    -Has cambiado mucho desde entonces- contestó él.
    -Siempre seré esa niña malcriada no lo olvides.
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Me ha encantado!!

Deseando leer más.

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Bebió el primer sorbo del café e hizo todo lo posible para no escupirlo.
A eso le llamaba café? A ella se lo traían de contrabando,solo tomaba café Roca Negra con leche de oveja pura.Hizo lo posible para poner buena cara,Earnur lo había preparado con cariño.
-Necesito un baño
-En Korthia? eso es literalmente imposible. No hay ni una gota de agua en el lugar. No escuchaste las explicaciones de Lady Liadrin?
Emmm…recuerdo la ceremonia de graduación,un discurso sobre nuestra primera misión,la despedida de papi y nuestras nuevas armaduras a juego.Umm que más? llegar a Oribos anoche,unas explicaciones rápidas y cruzar el portal a Korthia,meternos en esta cueva y ya.
Earnur puso los ojos en blanco.
-Princesa…esto no es Lunargenta. Ya no nos enfrentamos a muñecos de entrenamiento.Aquí el peligro es real…
-Lo se…lo se…-dijo con voz de sabidilla.
Se terminaron el café,recogieron sus cosas y salieron de la cueva. En el alto reinaba la agitación. Los korthianos y los líderes de Azeroth repartían misiones y tareas.
-Ese es…Kael´thas? -preguntó Celesthia con los ojos como platos.
-Lo es…o su alma,o lo que queda de él aquí en las Tierras Sombrías.
-Pues quiero que me de una misión él. No pienso ir donde esa hada sabidilla de ahí-dijo mirando a Lady Bayalunar.
-Somos novatos mi amor…iremos donde nos manden.
-Quiero una misión del príncipe!!-dijo como una niña con una rabieta.
Kael´thas reconoció a dos de los suyos y les hizo un gesto con la mano para que se acercasen.
Ella miró a su acompañante y le sacó la lengua.
-Ves?
Se acercaron con respeto. Si bien el hijo predilecto de Lunargenta había cometido muchos errores ellos sabían que lo había hecho buscando la supervivencia de los sindorei.
Kael´thas carraspeó y a continuación empezó a hablar:

Nuestros objetivos aquí requieren de un suministro constante de tropas, pertrechos y ánima. Esto último es lo más complicado de obtener por razones obvias, pero tengo mis recursos. Cerca de aquí hay una fuente abundante de ánima: los devoradores que asedian el Santuario de la Guía. No es tan fácil como arrebatársela a golpes a un alma, pero es igual de efectivo si sois lo bastante fuerte. ¿Lo sois?

-Somos hijos de Lunargenta,claro que lo somos mi señor!!- contestó la paladina novata.
-Por la Fuente del Sol- contestó el ex-príncipe

Earnur miró su mapa.
-Es aquí cerca,podemos ir andando.
Celesthia soltó un bufido.
-Las grebas me aprietan un poco…
-No seas chiquilla…
-Está bien…está bien…quien me mandaría enamorarme de ti?-dijo bufando.

Mientras caminaban, ella añorando su ciudad y sus lujos siguió recordando…

Había vuelto a casa tras su encuentro. No se podía quitar aquella mirada de su mente. Recordó sus palabras…entrenamiento…material…ummm o se preparaba para ser un forestal o un paladín.
Bajó al estudio de su padre y le interrogó al respecto.Tenía algún estudiante con el pelo albino como ella?
Su padre le dijo que no.
Esa misma tarde reunió a su séquito de amigas y decidió ir al campo de entrenamiento de los paladines.
Iba impecablemente vestida,a la última moda,con un peinado complicadísimo y llevaba perfume para cambiar el olor entero de Lunargenta.
Sus amigas la alababan y le decían que aquel elfo caería rendido a sus pies en cuanto la viese.

La realidad fue muy distinta. Aquel elfo de pelo albino y piel oscura entrenaba con una compañera. La aspirante al verlas se rió de ellas.
-Mira Earnur, una pandilla de inútiles niñas de papá.
-No seas cruel…-contestó él mientras se giraba y seguía golpeando con el escudo al muñeco de entrenamiento.
-Miriel Hojablanca céntrate en tu entrenamiento-rugió su instructor.
-A sus órdenes teniente Lionheart!!
-Así no matarás ningún sucio humano!!
-Señor,si señor!!

Celesthia y sus amigas soltaron una carcajada.

Los sindorei estaban aliados con la horda en aquellos tiempos. Que ironía…los orcos en su día habían arrasado Lunargenta y ahora colaboraban con ellos contra la Alianza.La nueva Lunargenta se había alzado apenas hacía dos años.La fuente del sol brillaba con fuerza.Y los sindorei encontraban un nuevo camino.

Miriel la sacó de sus pensamientos.

-Lo dicho…panda de inútiles…no podrían ni con un escudo de entrenamiento.
Earnur soltó una carcajada y le dijo…
-Céntrate o el teniente Lion nos hará limpiar todo el patio.

Un paladín de alta coleta rubia y rasgos suaves se acercó a ellas.
-Señoritas si fueran tan amables…distraen a los estudiantes.
-Sabe usted quien soy señor? Soy la hija del general forestal Estrellarcana.
-Yo soy Lord Argentsword Caminasol,encantado-dijo con educación.

Al oír tan ilustre apellido Celesthia agachó la cabeza en señal de respeto.

-Han empezado ellos!!-dijo una de sus amigas- nos han llamado inútiles!!

-Ser un caballero de sangre no es tarea fácil.

-Ja…yo podría hacerlo con una sola mano- contestó Celesthia con altivez.

-Eso crees jovencita?-contestó el instructor- bien,te espero mañana al amanecer aquí.

Altanera dirigió una última mirada al paladín que le había robado el corazón,seguía entrenando y no le había dirigido una sola mirada.

-Aquí estaré Milord-dijo mientras se giraba y con un gesto de la mano hacía que todo su séquito la siguiese.


Un ruido sordo y húmedo la devolvió a la realidad.

Miró que había pisado…

-Que demonios…?
-Creo que son excrementos de gromit- indicó Earnur.
-Quiero volver a Lunargenta!!!Ahora!!!-gimoteó ella.

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Creo que son excrementos de gormit…
Casi no pudo esconder la sonrisa que pugnaba por escaparse de su boca,al ver la expresión de sorpresa y asco de su compañera.
Desde que la conocía, se había ido acostumbrando a sus aires de princesa consentida,y tales aspavientos le provocaban inevitablemente ataques de ternura.

El era hijo único de un forjador de armas,y una sastre. De origen burgués, su familia se había dedicado a la artesanía y el comercio,desde mucho tiempo atrás. Su posición era acomodada,pero nunca había gozado de toda la riqueza que rodeó a su amada desde su nacimiento.
Recordaba sus primeras lecciones vitales de la mano de sus padres. Su madre siempre decía:si vas a hacer algo,hazlo bien
A lo que su padre siempre con una sonrisa,respondía…
Además siempre que empieces algo,acábalo,sino,no te molestes en iniciar esa tarea
Tanto su padre como su madre,le habían proporcionado conocimientos rudimentarios de sus profesiones. Sin embargo,nunca fué muy aplicado en ellas. Cuando su madre le enseñaba, el permanecía en estado de ensoñación, y en la fragua de su padre,dedicaba la mayor parte del tiempo,a practicar con espadas sin filo…
Su abuela siempre le decía: Eärnur Lightbringernunca seras nada en la vida

Paladin, ¡si tú,paladín!..la voz de Celesthia le devolvió al presente. Con una sonrisa le preguntó, como tenía por costumbre…
¿Si mi vida?
¿De verdad tenemos que ir andando? Esta armadura pesa…
Con un suspiro resignado, Eärnur contestó, vamos a un combate princesa,esto no es un festival de Lunargenta…
Celesthia le sacó la lengua como respuesta…

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Siguieron caminando. Cuando se acercaban al Santuario de la guía se cruzaron con un gromit. Celesthia se había limpiado la greba como buenamente había podido contra la hierba seca de Korthia.
Al ver al pequeño bicho dio tres zancadas hacia él enfadada. Justo cuando iba a arrearle una patada Earnur viendo el gesto le gritó:
-Lya no!!- llamándola por el apelativo cariñoso que usaban todos sus seres queridos.
Tarde, el pequeño gromit aterrizó un par de metros más allá,se revolvió iracundo y de dos saltos se tiró contra la sindorei con las mandíbulas abiertas y le mordió en la greba.
-QUITAMELO!!! - gritó Celesthia sacudiendo la pierna.
-Menuda paladína estás hecha-dijo Earnur.
Había aprendido a conocerla y la única forma en la que dejaba de ser esa niña de papá era picándola.
Ella le dirigió una mirada iracunda,acto seguido le dio al gromit con el canto del escudo y cuando el bicho saltó hacia atrás lo partió al medio con su espada.
Ni siquiera reparó en el hecho de que su reluciente armadura de diseño se había salpicado de sangre.
-Vamos sindorei terminemos con esto-dijo muy seria empezando a subir la cuesta que llevaba al santuario.
Earnur sonrió. El enfado se le pasaría pronto y aunque no le gustaba verla en ese estado lo hacía por su bien. Si dejaba que esa niña consentida tomase el control perdería a su amada a la primera de cambio.
Celesthia mascullaba para si…
-Quién me mandaría hacerme paladína…


-Que vas a hacer qué?- preguntó su padre incrédulo.
-Voy a formarme para convertirme en caballero de sangre.
-Hija mía tienes fiebre? Te encuentras bien?-preguntó su madre visiblemente preocupada.
-No me estáis diciendo siempre que tengo edad para decidir que hacer con mi futuro? Pues ya lo he decidido.
-Lya no…no empuñes un arma. No soportaría perderte a ti también- suplicó su madre.
-Feanor murió por culpa de Sylvanas Brisaveloz!! -dijo ella enfadada- no sé cómo la podéis considerar una her0ína, los dejó fuera como carne de cañón ante los ejércitos de Arthas mientras ella se refugiaba en Lunargenta.
-Nunca me perdonaré no haber estado aquí ese día-dijo su padre.
-Supongo que eso es culpa mía, quería ver un Naaru y estuve semanas con pataletas hasta que conseguí que cogieras un permiso y nos llevases a mamá y a mi al Exodar. Y sin que sirva de precedente diré que los sindorei estábamos mejor en la alianza.
-No digas eso jamás- contestó su madre-Donde estaba la alianza cuando Arthas arrasó Lunargenta? Y nosotros tres de turismo en la nave de los draenei.
-Bueno mamá…al menos salvó nuestras vidas aunque perdimos a Feanor.
Celesthia echaba de menos cada día a su hermano mayor,era una niña cuando los ejércitos del Rey Exánime estuvieron a punto de llevarlos a la extinción. Feanor era un optimista,un hermano cariñoso,siempre le traía alguna chuchería. Y sabía que la muerte de su hermano había provocado esa sobreprotección paterna. Y ella se había dejado consentir hasta el punto de convertirse en una niña mimada y vaga.
-Lo digo en serio, mañana al amanecer empezaré mi entrenamiento.
Sus padres se miraron y aguantaron la risa,Lya nunca se levantaba antes de las diez de la mañana a menos que quisiera alguna prenda exclusiva por ser la primera en adquirirla.
Vio el gesto de sus padres y se enfadó aún más.
-Soy perfectamente capaz de hacerlo y os lo demostraré a todos!!!
Aun brillaban las estrellas sobre Lunargenta cuando su criada personal la zarandeó con delicadeza.
-Señorita Celesthia despierte.
Soltó un gruñido y le dijo que la dejase dormir,sin embargo cuando la oyó susurrar:
-No si ya lo sabía yo…
Se levantó de un salto enfadada.
-Todos creéis que no soy capaz verdad? Búscame un pantalón de tela,una camisa,unas botas y tráeme mi café.
Ania sonrió y le dijo:
-Ahora mismo.
Se dio una ducha arcana,se vistió y se tomó el café deprisa. Salió de la mansión
Estrellarcana y empezó a correr,estaba a punto de amanecer.
Llegó casi sin resuello. El instructor Caminasol entrenaba con un muñeco.
-Vaya no pensé que vendría señorita Celesthia. Empezamos?
La sindorei soltó un bufido. Nadie apostaba ni un cobre por ella pero demostraría a todo el mundo que se equivocaban.


Y era ese mismo orgullo el que la empujó a entrar como un demoledor goblin en el Santuario de la guía y atacar al primer monstruo que vio mientras Earnur sonreía a su espalda.

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La mañana siguiente en un corto recorrido por la frondosa jungla decidí que ya era hora de despedirme de Svelien y seguir mi camino. Ella accedió a acompañarme,tenía muchas preguntas sin responder, entre ellas ¿Como resurgieron estas bestias, si ya el mal había “terminado”?,¿Como se pudo Alzar en llamas aquella misteriosa daga? el velo que unía el cielo y Azeroth…tantas cosas que parecían inexplicables en tan poco tiempo…

Continuamos nuestro viaje por las tierras que antaño pertenecían a los Altonatos, caminamos por cuevas repletas de bestias inesperadas, como osos y lobos salvajes.
Nos vestimos con sus pieles, y continuamos, hasta llegar al campamento Mojache, lugar donde nació mi maestro Breind.
Pudimos presenciar una cálida bienvenida de los Tauren, decidí mantenerme en el anonimato y no revelar mi apego hacia mi maestro y muchos de los habitantes del Campamento Narache y el Poblado Pezuña de Sangre en Mulgore.
Seguimos caminando por Mojache hasta que encontramos una pequeña taberna. Nos detuvimos a comer algo y comprar provisiones, ya que fue un viaje muy largo.
Nos sentamos en la barra, pedimos algo caliente al encargado y mientras esperábamos escuchamos una inquietante conversación de dos ancianos en la mesa contigua:

— Te digo Tarhus, eran Demonios!!
— No es posible Cawing, el mal ya se acabo en el mundo, ¡entiende!, no pudieron ser demonios …
— Podré ser viejo y un poco débil de vista, pero no soy t0nto; ¡¡Eran demonios rojos y con cuernos!!

Un soldado de afuera gritó, dirigiéndose a los ancianos con voz de combatiente:

— Si no se tranquilizan voy a tener que echarlos nuevamente de aquí, ¿¡Entendieron!?

Svelien les dijo a continuación que quería hablar con ellos fuera de la taberna, me llevo a mí también:

— Enana, me percaté que usted oyó la conversación con mi compañero Tarhus
— ¿Dónde vio a esos demonios?
— ¡¡ Los vi cerca de la Avanzada Gordunni la noche anterior y huyeron hacia las cavernas de las colinas !!
— ¿Cerca de la gran cascada? — Pregunte al anciano
— Es una caverna repleta de ogros, fácil perderse por allí — me dijo el otro anciano menos alterado — pero sigo pensando que es imposible, Cawingg esta loco
— Nos aseguraremos de que sea así — le dije al pobre de Tarhus.
— Yo los acompañare — saltó un gran guerrero de adentro de la taberna
— ¿Quién eres? — Le pregunto Svelien al Tauren desconocido.
— Soy Krueg. Últimamente estamos sufriendo sucesos inexplicables por estas tierras y como hijo de la nueva Horda es mi deber buscar la Paz en nuestros territorios, esta es la oportunidad que esperaba …
— Bien Krueg — Le dije — No nos vendrá mal otra espada, también andamos en busca de respuestas.
— Yo los guiare en la mañana, por la noche es muy peligroso adentrarse en el Pabellón de Lariss. Pueden dormir en mi casa. Tomaran todas las armas que necesiten de mi herrería …
— Agradecemos mucho tu ayuda — le dije al Tauren, y con nuestras armas al hombro nos dirigimos hacia su morada.

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RElato, Thantos, leed.

Hacemos lo que los vivos no pueden.

Esa sencilla afirmación es definición y carga al mismo tiempo para un caballero de la Espada de Ébano. La salvación en un mundo tan roto y cruel como este suele exigir precios terribles con los que nadie podría seguir viviendo. Nos corresponde a nosotros, los Malditos, llevar sobre los hombros tan terribles cargas. Pero incluso nosotros tenemos un límite, y lo que pretendo hacer es…

La lápida que cargo sobre los míos es cada vez más pesada. Temo sucumbir a su peso antes de cumplir con mi deber.

Sangre Nueva capítulos 1-4.pdf

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